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29/11/2007
Algunas ideas para el seminario de los jueves sobre los historiadores argentinos.
por Gustavo Varela - Diciembre de 2007
Uno
“La historia se mueve y el historiador se mueve con ella” dice Abelardo Ramos en La era del peronismo.
La idea del seminario es, de alguna manera, reconocer esos movimientos de la historia. No la historia, sino los movimientos que se producen en sus discursos, en su forma de ser narrada, en los aspectos que se resaltan o en los nuevos dilemas que aparecen.
Ninguno de nosotros es historiador. Todos leemos de una manera u otra nuestra historia, pero no tenemos como afición el rastrear documentos que certifiquen o corroboren de manera objetiva los hechos. Hay un tipo de verdad histórica que aquí no interesa, no es nuestro oficio.
Por ello creo que este seminario no es de historia argentina, no es de contrastación de documentos o hechos. En todo caso es una historia argentina vista del revés: es la historia que ven los historiadores, lo que significa no una voluntad de verdad sobre los hechos o documentos históricos sino el modo en que una época –la del historiador- dice el pasado. Es la voluntad de verdad del historiador lo que importa, lo que involucra la voluntad de verdad de las condiciones en la que habita. Esa voluntad de verdad está inscripta en una coyuntura, responde a intereses políticos, abre lecturas más allá de lo que escribe o discute. Así, lo que importa entonces es la necesidad histórica de esa discusión. Es decir, hacer historia del historiador, entender su discurso como efecto de una situación política definida que lo conduce a ocuparse de un cierto modo del pasado.
Por ejemplo: sabemos que Bartolomé Mitre es el primer historiador argentino (la suma del poder histórico conferida a un dictador intelectual, decía Goussac), que escribe y funda una tradición que se va a discutir largamente. La pregunta es por qué Mitre, por ejemplo, recupera a Belgrano como un héroe patriótico. No importa, creo yo, lo que dice de Belgrano, si es acertado o no (como discute con él Vélez Sardfield o Vicente López) –esto es una polémica historiográfica-. Importa su historia como necesidad vinculada al presente en el que habita: Mitre intenta encontrar en el pasado un fundamento para la edificación futura del Estado Nacional y esto lo conduce a buscar una figura heroica que estuviera ajena a la crítica y que fuera motivo de reunión de bandos contrarios. Es decir, el tema no es Belgrano sino la formación de la nacionalidad –tema por excelencia de la historia Argentina, dice Halperín Donghi-. Seguir los pasos del héroe permite centralizar el proceso histórico en dirección a una nueva realidad política que se da, no en los años de Belgrano, sino desde mediados del siglo XIX en adelante, es decir, en la época de Mitre. Esto nos conduce a pensar qué es lo que está en pugna en 1853, de qué modo lo sitúa a Belgrano en relación al vínculo con el interior, cómo es posible ver en Belgrano una figura austera y de reconciliación. Es decir, en su Historia de Belgrano lo que nos importa es la historia que vive y habita Mitre y que sirve como base a su argumentación.
Creo, en este sentido, que no se trata sólo de reconocer ideologías en los historiadores sino ver cómo una época necesita de cierto discurso sobre el pasado para poder constituirse, para pensarse a sí misma. Entonces la historia que se escribe es un modo de apropiación política y entonces, de invención política. No importa la veracidad de los hechos históricos sino la forma en cómo una época edifica un pasado que le es necesario y donde el historiador aparece como un síntoma que lo instituye.
Esto significa que no es cuestión para nosotros el pasado objetivo tratado por el historiador. Insisto con esto: La historia que vamos a ver es la del escritor, lo que este construye como un dilema del pasado a partir de una necesidad política propia y que él traduce en una lectura de lo que fue.
- El canon literario que se edifica a principios del siglo XX (La biblioteca argentina, editada por Ricardo Rojas y La Cultura argentina, por Ingenieros) es también un modo de hacer historia, en este caso, a través de un canon literario. Ahora bien, la elección de los contenidos y la necesidad de su aparición, son relativos a la modificación de la población local que se da en aquellos años, a la necesidad de edificación y restitución de una identidad histórica iniciada después de la caída de Rosas, a una forma de difusión pública y popular de ciertos contenidos que deben entenderse como necesarios a los efectos de ordenar la multitud bajo un único orden de pensamiento.
- Del mismo modo puede pensarse la forma de reconstrucción de la historia (la que involucra a Piña o a Lanata, por ejemplo) en nuestra época actual: la necesidad de verdad histórica está expuesta como desenmascaramiento, como encuentro con el detalle que nos anuncia que hemos sido engañados y que lo que nos dijeron como cierto no fue más que producto de la estafa a la que fuimos sometidos. Es decir, una forma más popular del revisionismo. ¿Qué raíces tiene esta interpretación? ¿Qué de nuestra época está en juego para que la historia esté más cerca de la denuncia y la sorpresa que del análisis?
Dos
Creo que los actores de la historia son tres:
Tres
Un libro de historia es el efecto de una necesidad política de la época en la que se escribe. Por ejemplo:
La primera historia del tango se escribe en 1936. El siguiente es Teoría de la historia del tango de 1955 de Horacio Ferrer. En 1956 aparecen diferentes artículos: El tango, mito y esencia de Tulio Carella; El tango de la guardia vieja de Casto Canel, Sociología del tango de Daniel Vidart, Introducción al tango, un aspecto de la improvisación del tango, una biografía de Carlos Gardel, etc.
El primer libro, ¿fue escrito por un capricho de sus autores? Prefiero pensar que el tango necesitaba escribir su historia porque murió Gardel y eso permitió que el tango vuelva a tener la popularidad de los años 20. Escribir una historia permitía retomar un camino de despliegue que en los años ´30 estaba siendo opacado por la presencia de músicas foráneas (el jazz, principalmente, el bolero), es decir que responde a una exigencia más de la época que del género.
Después no hay más historia hasta el ´55 y de allí en más no para. ¿Por qué? El fin del peronismo significó el fin de una manera de la música popular, el cierre de los cabarets, la desaparición de las grandes orquestas, la apertura de los mercados, la decadencia del cine nacional. El tango no tenía lugar más que en los sótanos (con Piazzolla) o en las librerías.
Cuatro
Creo que hay hechos que, por el grado de ambigüedad documental o por la falta de un sistema de pensamiento que lo sostenga, son formas ambiguas que seducen más a los historiadores y que puede facilitar nuestra elección. Algunos de ellos son los siguientes:
Otros temas posibles:
- El primer libro de historia Argentina que se lee en los colegios primarios es de Juana Manso y fue publicado en 1862.
- ¿Qué historia cuenta la revista Todo es historia? ¿Qué temas resultaron importantes en los diferentes periodos políticos de los últimos 40 años?
- ¿En qué momento Roca se transforma en un asesino? ¿Por qué? Si era visto como aquel que hizo de la tierra salvaje una tierra civilizada, ¿cuándo se modifica esa imagen? ¿Qué necesidad política exige esta modificación? ¿Quiénes y qué época se lleva adelante?
- ¿Qué historia argentina cuenta el cine nacional?. La relación del cine y el Estado es necesaria para la conformación de una industria, lo que permite abrir una lectura de los condicionamientos políticos que tiene el cine histórico: qué temas se narran, qué biografías o hechos se filman, en qué sentido se convierte en una didáctica popular para la transmisión de ciertos contenidos. Desde Bajo la santa federación de Daniel Tinayre de 1935 a Perón, sinfonía de un sentimiento, de Favio, es posible ver en el cine argentino el relato de un pasado como un texto claramente político.
Cinco
Algunas notas de Tulio Halperin Donghi:
- Cuando Halperín Donghi habla de la historia de Saldías dice: “Documentos torturados sin piedad para hacerles decir lo que el autor (Saldías) quería leer en ellos”.
- De José María Rosa: “hace de la historiografía un ejercicio de periodismo político retrospectivo”.
- En la crítica que hace al libro de Arturo Sampay sobre Rosas, dice Halperín: “... (el libro) revelaba que estaba comenzando a ser posible abordar una tarea auténticamente histórica partiendo de premisas ideológico-políticas cercanas a las que habían llevado al revisionismo a construir una imagen del pasado destinada a confirmar las moralejas aplicables al presente que ya habían hecho suyas antes de emprender esa exploración retrospectiva”.
Seis
Lo que está en juego, entonces, es la invención por parte del historiador de una identidad. O de una Nación, que tal vez sean lo mismo.
Gustavo Varela
Diciembre de 2007
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