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El imaginario patriótico a través del discurso geográfico en
Joaquín V. González y José M. Ramos Mejia. Lucia d´Assuncao
Introducción
Desde que Julio A. Roca llegó al poder en 1880, las minorías dominantes dieron por terminado sus rencillas internas y aceptaron el plan que el presidente consigno en dos palabras: “Paz y Administración “. De acuerdo con el, evitaron los conflictos políticos mediante acuerdos y se dedicaron a promover la riqueza publica y privada. Las ocasiones fueron tantas que desataron en muchos una inmoderada codicia y muy pronto las minorías adquirieron el aire de una oligarquía preocupada solamente por sus intereses y privilegios.
A medida que se hibridaba la población del país con los aportes inmigratorios, la oligarquía estrechaba sus filas. El censo de 1895 acuso un 25 % de extranjeros y el de 1914 un 30 %, de ellos, la inmensa mayoría eran los inmigrantes de los últimos tiempos que llegaban en gruesos contingentes: más de 100.000 entre 1880-1890, 800.000 en el diseño siguiente y 1.200 en los cinco años anteriores a 1910. En esta situación el país celebraría el centenario de su independencia. La oligarquía se sentía patricia frente a esta heterogénea que se iba constituyendo a su alrededor subdividida en colectividades que procuraban mantener su lengua y sus costumbres con escuelas y asociaciones, y, en su conjunto, ajena a los viejos problemas del país excepto en aquello que lindaba con sus intereses inmediatos.
Este espectáculo parecía justificar a la oligarquía que se preocupaba por si misma y cada uno de sus miembros por su propia existencia desenvuelta en el ámbito de los clubes aristocráticos y volcada hacia la política o hacia el goce estético. Pero mientras ella estrechaba sus filas, el país crecía. De 3.995.000 habitantes que acusaba el censo de 1895 había pasado en 1914 a 7.885.000.
Esta transformación demográfica del país respondía a los intensos cambios económicos que se habían producido desde que comenzaron a refinarse los ganados vacuno y ovino y a extenderse las áreas de cultivos de cereales. Se instalaron los primeros frigoríficos argentinos y a las exportaciones de ganado de pie se agregaban las carnes congeladas cuyo volumen se intensifico considerablemente n poco tiempo. Por la misma época, la producción de cereales extendió los niveles del consumo interno y se pudo empezar a exportar. Este vasto desarrollo de la producción agropecuaria se cumplió en las viejas estancias que se modernizaron utilizando reproductores de raza, pero también en las chacras, generalmente arrendadas, que explotaban agricultores italianos o españoles en las provincias litorales. Continúo la prolongación de la red ferroviaria, que comenzó a caer dentro del monopolio de los capitales ingleses por la deliberada decisión del gobierno, según el principio de que solo las rutas improductivas debían ser explotadas por el estado, en tanto que las productivas debían librarlas al capital privado.
En segundo gobierno de Roca, nuevas leyes financieras e impositivas robustiecieron la moneda, se multiplicaron las obras públicas, puertos, canales de riesgo, obras sanitarias y s ordenaba la administración pública. Las clases acomodadas verán cumplirse un programa de gobierno progresista, en cambio, las clases trabajadoras acumulaban una inquietud cada vez mayor de los salarios y sobre todo por la creciente desocupación. En 1902, el problema hizo crisis y estalló una huelga general que paralizó la ciudad de Bs. As. La respuesta del gobierno fue la sanción de la “Ley de residencia” que lo autorizaba a deportar a los extranjeros que “perturban el orden público”. El movimiento obrero era si duda obra de extranjeros en su mayoría y la medida provoco reacciones violentas que la policía y el ejército sofocaron implacablemente. Pero el gobierno o pudo impedir, sin embargo, que gracias a una modificación del sistema electoral, llegará al parlamento en marzo de 1904 como diputado Alfredo Palacios, candidato del partido socialista.
La defensa de los intereses conservadores se hacia cada vez mas difícil, ante la irreducible oposición del racionalismo y la violencia del movimiento obrero que se manifestó en las huelgas de 1909 y 1910.
El gobierno sancionó la ley de defensa social, que puso en sus manos al movimiento sindical. Ese año la república festejó el centenario de la independencia y la ocasión favoreció el delineamiento de una actitud nacionalista en la oligarquía que acentuó las tensiones sociales.
I
Los rasgos más destacables que caracterizan al discurso sobre la sociología política del Estado-Nación moderna involucran paradojas fácticas y conceptuales muy importantes que pueden explicarse por el alto grado de incorporación de metáforas geográficas y a través de ellas, un conjunto de afirmaciones sobre la naturaleza territorial de ciertos fenómenos “nacionales” y “estatales” modernos.
Esta concepción involucra nociones cuyo análisis histórico aportaría claridad a su interpretación:
1) territorio deriva del término latino Terra y corresponde a una precisa territorium. también se ha considerado que su origen se relacionaba con terro o territio, términos latinos cuyo significado era similar al “terror” o aterrar”, de ahí que podría interpretarse a territorio como un ámbito geográfico de ejercicio del poder de coacción. Lo cierto es que Territorium se construye por la adición a Terra del sufijo Torium que significa el lugar, es decir, el lugar de la tierra, que seria redundante, por eso, utilizaremos una idea similar de “ámbito terrestre localizado”, la definición del Diccionario de de la Real Academia Española dice en cambio lo siguiente: “porción de la superfie terrestre perteneciente a una nación, región, provincia”. Finalmente podríamos concluir que al término “territorio” se le ha asignado un uso histórico con referencia a la tierra, por otro lado, existe un uso actual que, si bien mantiene explícitamente la referencia a ella, recalca las características sociales de esa tierra delimitada en su dimensión jurisdiccional de efectivo dominio. De tal manera que, “territorio”, terminaría significando un ámbito terrestre delimitado de ejercicio excluyente del poder.
Pero al mismo tiempo en que pasa de ser simple objeto de delimitacion o referencia geográfica a convertirse en objeto de un tipo particular de patrimonio que seria la “soberanía”, en algunos casos, estaría sujeto a un tipo particular de identidad colectiva que designaría con los términos: país, nación y patria de un pueblo delimitado geográficamente para un Estado.
2) país deriva del término Pagenesis o Pagus y su uso en español no deriva directamente del latín, sino de un galicismo tomado del francés país, que significa “comarca” y en su uso contemporáneo el termino se ocupa de un campo semántica tan vasco en el que se involucra a otros términos como nación, región, provincia o territorio. Por lo tanto, su uso designa ámbitos geográficos no determinados por el ejercicio del poder, lo cual permitiría asignarle actualmente un carácter menos estatal que a “territorio”.
3) nación: deriva del latín nací (nacer) y su derivado natio- onis (nacimiento) con significados alternativos en “raza”, “nación”. La semántica original de “natio”, “nacimiento” se resalta un sentido un sentido personificado y divinizado del mismo. Otra aceptación podría ser “territorio de un mismo país y también conjunto de personas de un mismo origen ético que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.
4) Patria: del origen latino Patrius, “relativo al padre” o del adjetivo”pater” que pertenece también a un padre. Es significado que en el antiguo derecho romano solo el padre tiene derecho de propiedad y que tal particularidad marcaría el sentido de “ámbito geográfico propio- apropiado por la consuetudo – característico del uso cotidiano del término”.
Se debería destacar que en un probable origen etimológico no latino Patria es tierra, y por eso, se podrían ligar ambos significados para el uso latino: por un lado la propiedad y pertenencia paterna y por el otro el de lugar geográfico de pertenencia. En el Diccionario Real de la Academia Española se prioriza este segundo significado “tierra natal ordenada como nación a la que se siente ligado el ser humano por vínculos históricos, jurídicos y afectivos. Otra acepción es “lugar donde se ha nacido”.
Vemos entonces que “territorio” y “país” implican un sentido directo e indirectamente geográfico y por otro, “patria” y “nación” connotan un sentido mas étnico e histórico; es decir, tendríamos al “territorio” como el ámbito geográfico del ejercicio del poder de dominación, “país” como el ámbito delimitado geográfico e identificado; a “patria” como el ámbito geográfico para una identidad comunitaria dada y finalmente a “nación” como el referente étnico de origen. De lo expuesto se infiere que a partir de la formación del Estado-Nación Argentino se manifiestan intereses políticos orientados a establecer algún tipo de discurso científico sobre el territorio, es decir, a promover el desarrollo de ciertos saberes legitimado como científico que proporcionarían los fundamentos necesarios de la unidad nacional de la justificación de la preexistencia natural del territorio argentino como base de la nacionalidad estatal.
Si para la generación de ´37 el problema era la formación del Estado, la organización institucional para la generación del ´80 que se constituye sobre las consignas “gobernar es poblar”, “hay que educar al soberano”, el problema es la formación del Estado Nacional. La afluencia repentina de tantos extranjeros amenazaba con formar un emporio más que una nación. A medida que nos agrandábamos, decaían las virtudes creadoras de la nacionalidad. Después de poblar era necesario más que nunca gobernar y esto significaba nacionalizar las multitudes extranjeras. El Estado ya estaba afirmado, lo importante era su re-fundación como Estado- nacional: el problema eran las multitudes, los inmigrantes; había que argentinizar; la nación era el centro de la cuestión. Ya no es el fantasma de Rosas sino los espectros de los anarquismos. La política necesitaba un nuevo exorcismo en la regulación colectiva. ¿Cuántos calificativos se han adjuntado a la palabra nacionalismo, cuya popularidad solo es comparable a su ambigüedad? En realidad en nacionalismo territorial aparece como un fenómeno complejo. En el marco de un Estado- Nación ya constituido, aparece en el plano político como la preocupación prioritario por defender la independencia y afirmar la grandeza del Estado- Nación.
Las naciones- estado requieren como condición necesaria una geografía política, mientras que las naciones no estatales no pueden existir sin una historia propia. Tal constatación es importante porque permite incorporar de manera sencilla y bastante general, el problema de la formación, de un referente simbólico y geográfico nacional en el cual puede identificarse el conjunto de sus miembros con eficacia social (que la sociedad nacionalizada sea una comunidad específica) y legitimidad política; en otras palabras, nos referimos al problema que implica la producción de una historia que exponga el proceso de construcción de la identidad nacional.
Es marcado sobre una extensión geográfica necesaria, el Estado va constituyendo paulatinamente su comunidad nacional apelando a los aglutinantes de la raza, la lengua, la etnia y se esfuerza en identificar un territorio con una población que en muchos casos corresponde a distintos orígenes comunitarios nacionales, de esta forma, la simbiosis inicial que podría circunscribirse simbólicamente a una convención jurídica va dotándose de los atributos de una identidad histórica recuperada o inventada a fin de posibilitar en el futuro, la personificación del estado nacional en su geografía y en su Pueblo.
Ya desde los años ´80 se venia manifestando a nivel de los funcionarios ministeriales de la cartera educativa, la preocupación por encuadrar la formación de la nacionalidad en los moldes de ciertos contenidos escolares considerados tradicionales y patrióticos, viendo en su enseñanza el remedio mas efectivo para que la Republica pueda preservar sus instituciones de las degeneraciones que las corrientes inmigratorias podrían imponerle, ya que, si bien “la ciencia no tiene patria, hay estudios propios de cada pueblo, su lengua, su territorio, su historia, sus instituciones, que tienden a despertar el celoso anhelo por la prosperidad de la patria, el austero respeto por sus leyes, el entusiasta amor por las tradiciones” (Posse 1888: 346). Será recién a principios del siglo XX cuando la politización de las clases medias sea adjudicada directamente a su creciente participación en la escuela secundaria, que la normalización del discurso docente en las ramas de la enseñanza será ligada a formación de una nacionalidad homogénea, se planteará como una necesidad impostergable.
Esta es la razón por la cual en 1904, frente a la necesidad de establecer un ámbito destinado a la formación especializada de profesores secundarios, se optará finalmente por un establecimiento ligado directamente al Ejecutivo Nacional y desvinculado del control de la Universidad (Ministerio de Justicia, instrucción publica, 1908).
La institucionalización del discurso científico – geográfico se empezaba a producir, entonces, unos treinta años después de comenzado el proceso de construcción del Estado Nacional Argentino y unos quince años con posterioridad a los convulsionados acontecimientos que rodearon la implantación de una educación laica en toda la república.
A fines de siglo, la agudización de conflictos sociales sumado a la urbanización acelerada que ponía de manifiesto la presencia de una clase media en ascenso y con ambiciones de participación política, empezaría a revelar ante la elite dirigente, los limites de un proyecto que había propuesto una república liberal apoyada tácitamente en una masa de población nacional que se hallaba excluída en las atribuciones de la ciudadanía.
Es en este contexto, que la geografía estará llamada a jugar un papel clave, asumido explícitamente a través de las siguientes opciones: se trata de dos estrategias dirigidas a coordinar el territorio con su Pueblo en el marco de la nacionalidad del Estado. La primera de estas estrategias, se proponía salvar el modelo liberal republicano conservando la dirección política del estado y asumiendo la condición y un control del proceso de democratización del régimen. Para buscara la legitimidad científica atribuida a la geografía, un fundamento natural, de la relación entre territorio y carácter nacional. La segunda, se proponía desarrollar, como única solución posible y segura un discurso sin pretensiones de racionalidad, que proporcione a las masas una unidad de creencia sobre la nacionalidad vivida en clave religiosa. La geografía tendría aquí asignado un papel conceptualmente más modesto pero central: ofrecería con la contundencia de lo sensorial y lo estético, en la apelación al paisaje intrínseco de la patria, las evidencias empíricas y tangibles de lo que el discurso y la liturgia exaltaban en la abstracción del símbolo.
El principal exponente de la primera estrategia es J.V. González, miembro del ala progresista de la oligarquía en el poder, quien siendo Ministro de Instrucción Pública en 1904, había creado el Instituto del Profesorado que hoy lleva su nombre. Este político e intelectual provinciano (nacido en Monogasta, departamento de Chilecito , La Rioja, 1863) se había mostrado vivamente interesado en los avances de un saber que se perfilaba en su opinión, como la futura síntesis científica de las disciplinas sociales y naturales : la geografía, a la cual se había acercado sobre todo a partir del auge cobrado en Inglaterra por la geografía física, frente a la activa intervención de la Geographical Association y la Royal Geographical Society en la defunción de su enseñanza. Postula, entonces, a la geografía como una disciplina indiscutiblemente científica. Su monismo metodológico le permite concebir la especificidad disciplinaria de este saber en la posibilidad de explicar naturalmente las leyes históricas del desenvolvimiento humano. “Es la geografía- afirmaba- la ciencia que mas me ha preocupado… (González, 1914, 7B). Ella abarca, en su totalidad, el medio en que el hombre y las naciones se forman, crecen, se agitan, se chocan, y se dispersan o disuelven explicando los grandes resultados históricos que varían la posición de las rasas, los pueblos y Estados del planeta”. En este sentido permite exponer la relación entre la historia social y política de la raza humana y la historia física de la vida del planeta.
La geografía podría constituir “el centro de una vigorosa reacción en las ideas corrientes desde combatir la disolución progresiva del orden conservador, restaurando así, el espíritu nacional en la tradición y el territorio, porque la geografía es casi exclusivamente nacional, contribuirá a nivel de la Historia, a formar la personalidad real de la Patria, pues define y singulariza lo que podemos llamar el cuerpo de esta alma o idea”. (González, 1901 V122).
Para Joaquín V González, Patria es el fondo inmutable de la raza, donde vendrán a fundirse todas las influencias, fuerzas y elementos de las otras que se unen con ella en el tiempo y en la tierra que habita bajo el cielo que la cubre. Siguiendo este análisis agrega, que podríamos precisarla “política patriótica” por excelencia, la que inspira los actos en defensa, honor y gloria de la nación y en su respeto universal y permanente, llegaríamos a saber si nuestra patria a definido para siempre y de modo inmutable sus derechos de soberanía, y si no tiene problemas o deudas sagradas consigo misma que resolver ante su propia conciencia moral y jurídica, y de sus destinos y deberes en la civilización. De allí se desprende el valor formativo que adjudicaba a su enseñanza y la preocupación por uniformizar el discurso docente. “destinada a obtener tan profundas transformaciones en el espíritu nacional (…) la enseñanza geográfica llevará (…) a modificar toda alma y la sustancia de la enseñanza en la República Argentina”. (González, 1914: 21-23). Justamente, porque se trataba de forjar en una única concepción científica de la geografía y la Historia, los fundamentos legítimos del Estado Nacional Argentino.
En 1901 J.V.G ingreso en el gabinete presidencial de Julio A. Roca como ministro del Interior, actuando paralelamente con carácter interino, en las carteras de Relaciones Exteriores (1902) y de Justicia, Culto e Instrucción publica (1904), que se mantendría como titular durante el siguiente gobierno de Manuel Quintana hasta 1906. Doctor en jurisprudencia, profesor universitario, miembro de la Corte de Justicia Internacional de la Haya, González no era solamente un político profesional sino también un escritor y un académico con sólidos proyectos científicos y culturales.
La propuesta política educativa y científica de González tenía como principal motor, la voluntad de formular discursos coherentes y cohesionantes de la sociedad Argentina con miras a controlar y dirigir un proceso de apertura política que vislumbraba, inevitable. Propicia una política agresiva de adoctrinamiento nacional de las masas nativas e inmigrantes, propendiendo para ello a la aculturación de estas ultimas respecto de su nacionalidad de origen. Dicho proceso debía ser producido completa y directamente por el Poder Ejecutivo y encontraría en el aparato educativo del Estado el principal vínculo para su consecución. Esta concientizacion nacional debió ser sustentada por sólidos fundamentos “científicos”, única forma de generar representaciones y valores legítimos que constituyesen una masa de ciudadanos concientes de su voluntad de pertenecer a una comunidad nacional cohesionada en torno a un mismo ideal patriótico y en post de un único proyecto de engrandecimiento nacional- estatal.
Resulta interesante, entonces, que dentro de estos proyectos educativos y científicos, la Geografía fuera considerada como un saber con potencialidades singulares respecto a los otros discursos escolares. El mismo González recordaría mas tarde su gestión al frente de la cartera de Instrucción Pública como “el periodo de propaganda ministerial”, traducida en numerosos discursos, conferencias y documentos oficiales, en cuyo tiempo, la nueva dirección de la enseñanza geográfica fue indicada en los planes y programas de 1905.
Su acercamiento a la Geografía comienza en 1899, cuando el Consejo Nacional de Educación lo convoco para oficiar de jurado en el concurso de textos de geografía dedicados a la enseñanza de nivel primario. Para ellos, se interiorizo de la literatura producida en EE.UU. y Francia y de la lectura asidua de las revistas especiales de esos países. “no me fue difícil- explica González- orientarme hacia la nueva escuela, la cual en Inglaterra al menos, cuenta con representantes tan ilustres como Mackinder, Herbertson, Strachey, Arnold Foster y muchos otros-, en los EE.UU. mi vocación fue mas decidida cuanto mas oportunidades tuve de enterarme de los trabajos expuestos en las sesiones de la Asociación Británica para el Progreso de la Ciencias. (González, 1914, p5).
En la fundamentacion de su veredicto en citado discurso de textos escolares de geografía- que declaro desierto por falta de merito de todas las obras locales presentadas- citaba profusamente a Mackinder, cuya propuesta según el, era “la mas científica” y por lo tanto “la mas exacta” respecto de otros autores.
Las aseveraciones de González acerca del lugar que correspondía a la geografía en la Educación, parecía otorgarle a esta disciplina un carácter casi imperialista dentro del espectro de las ciencias de la época.
Joaquín V. González fue también el fundador y primer presidente de la Universidad Nacional de La Plata, creando dos carreras de formación profesional caratuladas como “Geográficas”: Ingeniero Geógrafo y Profesor de geografía Física. La tercer instancia de formación superior que conoció a principio de siglo la instauración de un ámbito ligado a un rotulo “geografía”, fue la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A. Las cátedras eran la de geografía política en 1899 y de geografía Física en 1904, en un contexto político agitado por el inminente conflicto bélico que parecía desatarse con Chile, se vio reflejado en los contenidos programáticos en torno de los cuales giraron dichas cátedras desde sus comienzos. Si bien ambas perdurarían hasta la institucionalización de la carrera dentro de la misma Facultad en 1953 no es posible establecer una continuidad de las temáticas y enfoques planteados por las mismas. Pero las creaciones institucionales y las reformas curriculares de González, pronto se revelaron efímeras y con ellas la promoción de la Geografía Física.
El mismo González recordará apesadumbrado, mas tarde, que “nadie llevó a la práctica su propuesta (…) ni se preocupó de formar el profesorado aparente para la tarea, ni se fundaron institutos para enseñar a los nuestros “la nueva ciencia””. La función básica y sintetizadora que González había querido asignar a la enseñanza de la geografía fue rápidamente descartada y la disciplina relegada nuevamente a su carácter escolar. ¿A qué puede atribuirse este fracaso?
Una hipótesis es que González va a obviar el aspecto estratégico institucional de la propuesta, llevando hasta sus ultimas consecuencias la concepción sintético- natural de la geografía que consideraba científica, mientras que los ingleses buscaban en el referente a las ciencias naturales, la vía de legitimación epistemológica y proponía como estrategia de institucionalización académica recurrir a la pertinencia social de la geografía política, disputando de esta manera un espacio corporativo dentro de la ciencias económicas y políticas y no en competencia con las ciencias exactas y naturales. Por esta vía y a partir de un fuerte y prolongado apoyo financiero e institucional de la Royal Geographical Society y de la intervencion de la Geographical Association, la geografía pudo lograr en Gran Bretaña un espacio autónomo como asignatura en la educación media y como disciplina científica en las instituciones Universitarias. Por el contrario, J.V.Gonzalez intento colocar en el ámbito universitario a la geografía en una posición nuclear dentro de las disciplinas naturales sistemáticas, tratando de forzar la vía de la institucionalización de espacios y la producción sustantiva que todavía no encontraba sujetos y tradiciones de investigación dentro del país. Incluso en un ámbito institucional como la Univ.Nac. De La Plata donde el mismo J.V.Gonzalez detentaba amplios poderes de decisión, en su carácter de Presidente Rector, la institucionalización de la carrera de Geografía no pudo sostenerse frente a la falta de consenso manifestada por los matemáticos, físicos y naturalistas para apoyar semejantes proyectos.
Las carreras de formación profesional y la Escuela de geografía en esta Universidad en 1906 no sobrevivieron al fallecimiento del cartógrafo físico que González puso al frente de estas empresas. En lo que respecta a la eficacia de la política editorial como vía de difusión y legitimación de una Geografía Científica, debe decirse que las resoluciones ministeriales posteriores que reglamentaban el uso de textos para la enseñanza de la geografía, no incluyeron dentro de los textos recomendados, a ninguna de estas obras.
II
Ramos Mejia compartía el diagnóstico de sus contemporáneos y expresaba tal vez mas abiertamente sus preocupaciones conservadoras.
Médico prestigioso con preocupaciones sociológicas e historiologicas planteaba en 1899 su propia visión del problema: “En nuestra biología política, la multitud moderna, dinámica, no ha comenzado su verdadera función, no existe la calurosa pasión de un sentimiento político, el amor de una bandera a que este ligado el bienestar de la vida. (Ramos Mejia 1899, 233).
Nueve años mas tarde R. Mejia tendría oportunidad de poner a prueba sus especulaciones. En 1908 es nombrado presidente del Consejo Nacional de Educación, órgano oficial encargado de la instrucción primaria estatal. Desde ese importante cargo implementará un “Plan de educación patriótica que puede entenderse como el intento mas extremo de construir aquel pueblo inexistente (La multitud moderna) a partir de la organización escolar de un sistema de adoctrinamiento de las masas nativas y extrajeras, dentro del cual la idea de Patria, convertida en fetiche y en objeto de culto religioso, jugaría el papel de aglutinamiento social ideológico del consenso pasivo a la continuidad del régimen.
En este contexto la geografía esta considerada como aquellos conocimientos que se prestan para influir en la formación de sentimientos patrióticos: se trataba de destacar las bellezas de nuestro país comparables a las mejores del mundo, descubre las fuentes de requisas de la república, mostrar imágenes de paisajes del territorio nacional, de aprovechar la lección de geografía para recordar los escenarios nacionales donde se desarrollaron los hitos de calendario patriótico tales como el nacimiento de los héroes nacionales, las victorias militares, etc.
Desde el momento en que el discurso renuncia programaticamente a la posibilidad de explicar la nacionalidad, la argumentación geográfica se vuelve imperiosa; desaparece entonces, en función de esta propuesta la búsqueda de una legitimidad científica natural o de un referente humanístico que garantice la objetividad del discurso. Esto no ocurría por desconocimiento de la institucionalidad científica geográfica porque ya en 1899 en propio R.M. comentaba las opiniones del geógrafo alemán Pechel citaba la obra monumental de Carlos Rilter, el primer sabio europeo que en vez de considerar a la geografía como una ciencia de nomenclatura y enumeración, intento descubrir la correlación intima que debe existir entre la tierra y los seres que la pueblan.
El espacio curricular de la Geografía brindaba una ocasión privilegiada para vehiculizar los objetivos de adoctrinamiento en tanto vinculación evidente con la temática patriótica, se trataba solo de un instrumento más directo y eficaz que otros pero no suficientes como para convertirse en eje conceptual del discurso. Se la utiliza para vehiculizar la misma representación patriótica que se entroniza, a la vez, en todos los resquicios de la vida escolar.
La relación entre la formación del imaginario nacionalista y la institucionalización geográfica en la Argentina es directa si bien, una relación semejante puede encontrarse con diversos grados de profundidad en Francia y España. En este caso, lo singular es la inexistencia previa de otros discursos territoriales y la necesidad de socializar a la población no solo en el orden conservador sino en ciertas tradiciones y realidades trascendentes explícitamente construidas y normalizadas: la Historia y Geografía Patria.
En segundo lugar la institución que tomaba su cargo la formación de profesores geógrafos se encuentra desligada de los ámbitos universitarios. Esta situación a diferencia de la Historia y de las Letras, por ejemplo, la imposibilita de tener un referente académico legítimo, lo que implicaba recurrir a modelos científicos externos pero también iba a llevar a la corporación profesoral que empezaba a formarse, a luchar por construir una ciencia geográfica con un espacio en la educación superior.
El mito interpela el devenir masivo de la política, esta claro que incluye de antemano, la pregunta por el Estado, quiero decir, la pregunta por el Estado como el reverso del problema del mito o si se prefiere, el mito reactualizando la pregunta por el Estado. Es el mito interrogando a la teoría del Estado, reformulándola por lo tanto entre las multitudes y el Estado se dispone de la energía mítica que desacomoda las interpretaciones con que se venia sobrellevando la interrogación estatal.
El punto de partida de R.M. es el ensayo escrito en 1895 por Gustave Le Bon La Psicología de las Multitudes. Se podría decir que el texto de R.M. es una reescritura de ese trabajo, mejor dicho, se lo retoma pero para decir lo contrario, es decir, retoma los descubrimientos de la intelectualidad oficial para confirmar las sospechas que anticipaban, completándola finalmente con el desquicio revolucionario. En efecto, mientras Le Bon y Ramos Mejia toman a las multitudes entre comillas como objeto de estudio, en tanto que para otros por Ej. George Sorel, la multitud deviene sujeto.
Esto significa que se trata de la sustancializacion de las masas ya que al interpretarlas negativamente es necesario vigilar a las multitudes, controlarlas; se trata de la criminalizacion de las multitudes, las multitudes son peligrosas. Por otro lado, se las emplazará activamente se trata ahora de la politización de las masas, de la proletarización de la multitud; la multitud entendida como resistencia sino como forma de explicar el cambio.
R.M. no es Le Bon aunque retoma su escritura; Francia no es Argentina y sus multitudes no son las nuestras. Para Le Bon inauguramos una nueva etapa la era de las masas. Con el advenimiento de los sectores populares a la vida política, la cuestión se tiene que plantear en otros términos: es el drama que debe enfrentar cualquier Estado que tenga pretensiones de Modernidad. La Nación concentra la multitud dispersa en la ciudad; la ciudad es el lugar de la modernización económica pero también el lugar de la desestabilización política por eso, no bastan las medidas libres campistas sino también la de corte positivistas.
Entre el liberalismo que propone la voluntad de elección como eje de la practica política, que postula al individuo como libre, autónomo y conciente y el positivismo que piensa la sociedad como un organismo atravesado por fuerzas determinantes y a los individuos como objeto de esas fuertes y de esas leyes que no controlan, no hay entonces discontinuidad sino un diálogo que intenta sobrellevar el devenir multitudinario.
De lo dicho se infiere que se necesita a las multitudes, pero las multitudes son peligrosas. Desde el momento que la capitalización puso en manos de la multitud una riqueza que asume la forma de maquinarias, materias primas, etc., fue necesario vigilar la riqueza. La fábrica no es solo un espacio de producción sino también de politización.
Habrá que ensayar distintas estrategias: no basta con la electoralizacion, el conjuro liberal, porque al mismo tiempo que el individuo es socializado por el voto, el individuo es recongregado a conformar el cuerpo colectivo que le determina las acciones individuales. Desde el positivismo, las situaciones problemáticas no pertenecen a la esfera privada sino que por el contrario son patologías anómicas que afectan al colectivo. De esta manera, por ejemplo, la salud ya no es un bien privado sino un bien estatal, lo mismo que la educación o el crimen. Vemos entonces como el Estado minimalista que reclamaba el modelo librecambista reclamaba simultáneamente una gestión total que desbordará los límites en que lo anclaba la experiencia liberal.
¿En qué consiste este fenómeno que llamamos multitud? Responde Le Bon: el hecho mas llamativo que presenta una masa psicológica es la siguiente: sean cuales fueran los individuos que la componen, por similares o distintos que puedan ser sus géneros de vida, ocupaciones, etc., el simple echo que los haya transformada en masa los dota de una especie de alma colectiva y en el alma colectiva predominan las cualidades inconscientes. Las causas que originan las masas son:
1) Su composición sensible
2) La credibilidad, mayor contagio mental, sujestibilidad.
Es decir, quedan fascinadas bajo la influencia de ciertos efectos semejantes a los que produce el hipnotizador al hipnotizado.
El mecanismo de arrastrar a los hombres a la multitud esta dado por las imágenes, es decir, por la facilidad en que los hombres se dejan impresionar por los estímulos externos y artificiales.
R.M. a partir de su escritura trazará una genealogía, la escritura se ira deteniendo por diferentes formas que asumió la multitud en la historia del Plata. Toma la definición de Le Bon y hace algunas distinciones: “la multitud es un ser relativamente provisional, constituido de elementos heterogéneos en cierto sentido que por un instante, se sueldan como las células cuando constituyen un cuerpo vivo y forman al reunirse un ser vivo, nuevo y distinto”. (Multitudes Argentinas, 1974, p.27).
¿Qué pasará si las multitudes se politizan? Todo el libro de Ramos Mejia es una constatación oficial sobre el estado político multitudinario, el informe de estado sobre el grado de evolución de las multitudes argentinas. Hasta ahora, las multitudes aparecen diseminadas, son estáticas, no encontraron contención moral que las encuadre por eso su pregunta es una cuestión de estado. Interesa remarcar esta idea de “motores morales” que R.M. entiende que deben concurrir para determinar el devenir multitudinario. Hay que estar atento al inmigrante: ese que habla un idioma diferente, el idioma del socialismo, del anarquismo, del populismo. R.M. entiende que ni siquiera la criminología podrá conjurar lo que la multitud incuba en sus vísceras. Se necesita otro dispositivo que no funcione reactivamente sino por el contrario intervenga antes de que suscite la situación problemática: de lo que se trata, es formar la conciencia nacional, por eso, el dispositivo que mejor se ajusta a esta tarea, será la pedagogía. Las escuelas son el soporte para neutralización del inmigrante; es en la escuela argentina donde se estabilizará su energía política.
Hay una biología y una sensibilidad que se transmite de generación en generación. La filantropía pedagógica permite sustraer al hijo de inmigrante de su entorno para incluirlo en un espacio de normalización, porque serán los hijos antes que los padres ya fracasados, los que nos tendrán en su momento nada que perder. Al respecto dice: “la primera generación es deforme y poco bella (…) en la segunda, ya se ven las correcciones que empieza a imprimir la vida civilizada y mas culta que la que traía el abniego inmigrante.
Ortopedia mental y campaña de moralización pública: es en la escuela donde sistemáticamente y con obligada insistencia se les habla de la patria, de la bandera, de las glorias nacionales y de los episodios heroicos de la historia; oyen el himno, lo cantan y lo recitan con ceño, lo comentan a su modo con hechicera ingenuidad y en su verba accionada demuestra como es de propicia la edad para echar la semilla de tan noble sentimiento. De lo contrario, será temible si la educación nacional no lo modifica con el cepillo y la infiltración de la cultura de otros ideales que lo contengan en su ascensión precipitada.
José Ingenieros recuerda la labor de Ramos Mejía como Presidente del Consejo Nacional de Educación: “hizo revivir en todas las formas y momentos genuinamente argentino, bautizó con nombres ilustres todos los edificios escolares de la capital, instituyo fiestas cívicas y conmemoraciones periódicas de nuestros grandes ciudadanos, promovió concursos de canciones escolares y dada la estrecha vinculación de la escuela con el hogar, la propaganda repercutió intensamente en todas las generaciones, preparando de este modo aquel sobrevivió estallido patriótico del centenario. (j.Ingenieros, La personalidad intelectual de J.R.M, 1915).
Dotó a Buenos Aires de un Museo Escolar; extendió la utilidad y amplió el número de las llamadas escuelas nocturnas para adultos y de las escuelas militares, donde el conscripto analfabeto, evadido de los primeros años de la escuela, se redime de su ignorancia bajo la acción del Estado docente. Finalmente creyó útil fundar escuelas y fundo muchísimas. Había que inventar una mitología nacional que dispute el sentimiento de las fuerzas morales que comenzaba a circular por la vida urbana. El virus que destruye y mata- dice R.M- es susceptible de curar y la enfermedad que consume a los organismos puede despertar en los tejidos vigorosos de la vida que dormita la inercia de un intercambio lento y opacado por falta de estímulos naturales. La imagen fuerza tiene que ser La Patria Argentina, las imágenes míticas, pueden servir para movilizar, para fijar, para normalizar. Las imágenes nos motivan o nos evitan, disponen la acción o la detienen. R.M. entiende que no queda otra posibilidad que la imprimir sus diferencias a la irracionalidad masiva y hacerlo implica hacerlo rápido antes que la miseria oriente las emociones en dirección a los espectros que sobrevuelan la ciudad. Si bien es cierto que el país no conoce formas de organización multitudinaria no es motivo para dejar de alarmarse ya que se atraviesa una época de fetichismo político bastante grave. Por el momento no hay hambre, no hay odios engendrados por la miseria, no hay obreros sin trabajo; no existe aun la epidemia de la miseria que es lo que le da su personalidad colectiva de plaga permanente y de fenómeno social ponderable. Esa es la cuestión ¿Qué pasara cuando la miseria se convine con la remembranza del viejo continente? ¿Cuando abandonen el campo por el particular régimen de propiedad privada y deambulen por la ciudad?
Esta es la mezcla explosiva que comenzara a tramarse en la oscuridad si el gobierno no se adelanta con su reforma moral. Hambre e ideas fuerzas es la combinación maldita que desestabilizara cualquier sociabilidad.
El problema de las multitudes no era una cuestión científica ni curricular: era una pregunta política. De ahí, que será la sociología y no la Geografía la que surgirá como una apéndice del estado.
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