Seminario de los jueves

Baltasar Gracián. La Biblia y el Calefón por  Leonardo Sacco
 
 

1. Baltasar Gracián: éxito en el siglo XVII, criticado en el XVIII, olvidado en el XIX  y rehabilitado en el XX cuando se cumplieron en el  2001 los cuatrocientos años de su nacimiento.

Sus libros permanecieron en mi biblioteca absortos pero no leídos  incluso desde antes de fijarme en el tamaño de la letra antes de comprar un libro. Luego pasé por la recomendación entusiasta de quien era mi analista, la sublime Diana Rabinovich para quien  el hecho de que Lacan se haya detenido en Gracián le resultaba suficiente garantía de saber, hasta aquí mismo en  el “ Seminario de los Jueves” 2005  y su consideración de relegarlo al área literatura del siglo XVII hicieron darme cuenta de que ya era hora de estudiar a Gracián con la  siguiente primera conclusión sobre el gran frasista aragonés: Nunca leas a un barroco español en ediciones de letra chica.

Son las frases las que nos acompañan y nos brindan las herramientas de lucha para salirnos de la modorra y el vulgo. Casi siempre las frases populares tienen un origen incierto. En este caso podemos anotar una y afirmar Sí!, es de Baltasar Gracián y dice: “Lo bueno si breve dos veces bueno”.

Me dirigí a la librería ”La catedral” de Barcelona para ver en que andaban y me encontré con 53 libros sobre Gracián. Indudablemente la Secretaria de Cultura de España había promovido el 400 aniversario de su filósofo moral para que tanto texto proliferara a partir de ese año. Ensayos, artículos, compilaciones, conferencias y menciones, etc. etc  pueblan y batallan el espacio cultural español y agrandan o empequeñecen, depende como siempre de quien dependan las cosas.

La primera mención de estos autores siempre subraya el entusiasmo de Schopenhauer por Cervantes y Calderón pero es a Gracián a quien califica de “autor predilecto”y propone una traducción del “Oráculo Manual” que finalmente se publica en 1862 {dos años después de su muerte). El pensamiento de Gracián influiría en Schopenauer en  su propia “sabiduría de la vida” publicada en 1851 con el nombre de “Parerga y Paralipómena. De ahí a Rochefoucauld, Nietzsche, a Benjamín, hasta estos años donde el “Oráculo” es un best-seller en Estados Unidos y Gracián un gurú del marketing internacional. De Lacan les diré que ingresé al CD con la obra completa donde uno pone “Gracián”y si... aparecen tres menciones al pasar ligadas al deseo y vaya uno a saber a que cosas más.

Laberintos, retruécanos, emblemas,
Helada y laboriosa nadería,
fue para este jesuita la poesía,
reducida por él a estratagemas.
No hubo música en su alma, solo un vano
herbario de metáforas y argucias
y la veneración de las astucias
y el desdén de lo humano y sobrehumano.
apunta Borges en la primera estrofa de su poema homenaje.

2. Vayamos ya a situarnos velozmente y sin naderías al centro mismo de la mirada graciana de la vida dice:

“Todo cuanto hay se burla del  miserable hombre: el mundo le engaña, la vida le miente, la fortuna le burla, la salud le falta, la edad se pasa, el mal le da priesa, el bien se le ausenta, los años huyen, los contentos no llegan, el tiempo vuela, la vida se acaba, la muerte le coge, la sepultura le traga, la tierra le cubre, la pudrición le deshace, el olvido le aniquila, y el que ayer fue hombre hoy es polvo y mañana nada”.

Gracián no se cansa y agrega: “conozcamos todos y entendamos que somos unos sacos de hediondez: cuando niños, mocos, cuando viejos, flemas, y cuando hombres, apostemas.

Hasta aquí más pesimista que Timeo, aquel griego que postulaba la necesidad del fin de la humanidad.

Sin embargo en Gracián hay lucha, hay ganas de vivir, no es un pesimista universal , mas bien impone una moral de combate, una forma de salida para tenerse en pie un rato más, al menos para los varones... las mujeres claro llevan un despecho existencial que lo lleva a decir “más vale la maldad del varón que el bien de la mujer” porque “menos mal te hará un hombre que te persiga que una mujer que te siga”. Schopenhauer encantado por supuesto.

Hombres y mujeres viven engañados y lo que es peor engañándose. Los animales  tienen “exquisitas habilidades para engañar y para escapar del peligroso engaño” ¿qué nos queda entonces a los seres humanos? “Los niños mienten, los viejos engañan, los parientes faltan y los amigos falsean”. Las cosas se ocultan en la apariencia y los hombres contribuyen con su deseo de aparentar lo que no son.

Pero más allá de esta primera impresión no es un pensador ni triste ni melancólico. No hay lágrimas en Gracián, no es un llorón, increpa o se ríe, a lo sumo está enojado y no se resigna.

 Más bien toda su obra apunta a transformarnos en héroes de la existencia cotidiana con una moral de lucha. Hay en su pensamiento una imperiosa voluntad de acción jesuítica e ignaciana. Pensar para acertar el rumbo, para actuar inteligentemente y descartar todo impulso irreflexivo que nos lleven a perder los estribos. Las pasiones impiden la pasión serena por eso necesitamos

“ a gran cólera, gran sosiego” y  “a una furia, una espera”. Por eso ante la apariencia, siempre falaz le oponemos la sagacidad que nos permite estar al acecho. Gracián no es promotor de  sentimientos benévolos  “no hay desierto como vivir sin amigos” aunque agrega que “no solo se ha de procurar en ellos conseguir el gusto, sino la utilidad” para terminar en una frase muy poco amistosa “confiar de los amigos hoy como enemigos mañana y los peores”.

Ya se estarán preguntando presumo a que va don Baltasar? ¿a qué moral apunta quien no quiere a nadie? En especial cuando el jesuita no tiene soluciones cristianas para el mundo del revés. No hay amor, ni generosidad ni entrega, ni sacrificio ni abnegación “gran mal es perderse de puro bueno”  afirma para que nos confundamos de sotana.

Sí a la vida virtuosa. Gracián define a la virtud como el bien supremo a alcanzar. Aunque el héroe virtuoso graciano es un fanático pragmático y egoísta muy lejos del ideal del sabio antiguo y más aún del santo vegetariano que regresó de los excesos.

Prudencia, moderación, actitud reflexiva y controlada en todos los aspectos dela vida nos recuerdan a los estoicos y a Séneca (tal vez el autor más leído de la época) pero Gracián es barroco y todo pasa por la dupla engaño- desengaño. Vivir significa alcanzar la lucidez suficiente contra la inanidad de la vida mundana pero la desilusión es fuente de energía para seguir viviendo, mas aún,  para alcanzar, incluso, la inmortalidad.

La sociedad es masa, infinito vulgo necio. La masa ve quimeras donde las cosas son útiles por su parecer y no por su ser. ¿Qué hacer ante el engaño del conocimiento, de la existencia y de la moral? ¿Qué hacer ante la necedad de la masa amorfa cuando en los hombres solo  hay malicia y fiereza? ¿ Cómo encontramos entonces el sentido de lo humano? Gracián lo encuentra en el gusto. El gusto está en contra de la universalidad y la verdad. El gusto- masa es deplorable y es la filosofía la encargada de reestablecerle al sujeto el gusto, comenzando por el gusto por la vida reflexiva. No es la racionalidad cartesiana en busca de cuerpos extensos sino una razón mesurada, contingente y circunstancial, optimista en cuanto a la capacidad individual de transformación del sujeto.

Distante de Descartes e incluso del Cristianismo pero inserto en las prácticas jesuíticas y barrocas de la representación a través de la ficción. Así, con un personaje de ficción, mostramos el sentido real de la existencia de una manera más testimonial que con la razón especulativa que pujaba por imponerse en el resto de Europa.

Entre la simulación del “como si” y el disimulo del “como si no” dice en aforismo 251 del Oráculo: “Hanse de procurar los medios humanos como si no hubiese divinos, y los divinos como si no hubiesen humanos: regla de gran maestro”. Gracián se oculta, disimula, (para publicar “como si no” fuese jesuita) y publica gran parte de su obra con pseudónimos, por ejemplo utiliza el nombre de su hermano Lorenzo Gracián.

El Cristianismo no alcanza para habérselas con la vida mundana. Es necesario hacerse cargo y adueñarse del destino que a cada uno le toca, no con Resignación sino con Prudencia. La vida está llena de situaciones y Gracián ofrece soluciones para salir airosos del entramado en que vivimos. Cualquiera, cristianos o ateos, cortesanos o políticos, nobles  y ricos pueden perfeccionar su vida con la herramienta fundamental de la Prudencia. ¿Porqué la Prudencia? Porque da la medida que nos conduce por el buen camino y en la acción es la habilidad fundamental para re-crearnos. Por eso Gracián cree en el sujeto porque la ordenación divina no alcanza para comprender y vencer al mundo civil. Frente al desastre solo queda reconstruir al individuo. Frente a la razón abstracta que nos lleva al conocimiento objetivo Gracián opone la facultad del ingenio. ¿Qué es el ingenio? Es el conocimiento subjetivo que descubre relaciones, semejanzas y correspondencias no universales existentes entre las cosas. Necesita del ingenio porque la razón abstracta no alcanza pues cada cosa y cada hombre no es lo que parece. Necesitamos el ingenio para descifrar lo oculto y escondido de la realidad.

No se trata solo de criticar o acusar con resentimiento. La propuesta graciana no es la venganza sino procurarse criterios para acertar en la practica moral.

3. El siglo XVII  marca la decadencia española. La expulsión de los judíos  en 1492  le quitó a la monarquía española actividad financiera y la expulsión de los moriscos en1609 le quitó la actividad agrícola propia de éstos. A cambio se lograba  la “pureza de fe” garantizada por la Inquisición y una creciente mentalidad rentista muy poco burguesa. Son los efectos producidos por el oro de América. Desde Felipe III es época de corrupción y despilfarro, es época de desengaño.

El barroco es la manifestación de la Contrarreforma. Se busca la pureza dogmática en torno al poder del monarca aunque las cosas ya no estaban para  seguir de fiesta. El oro llega a cuentagotas pues un  aluvión de  piratas lo impedía y  la plata no alcanza ni para guerras lejanas ni para sostener a una corte fastuosa poco proclive a encarar las innovaciones necesarias. En 1630 hay una hambruna en Castilla que dura 30 años, la despoblación por epidemias y la emigración a América persiste y el Conde de Olivares no acierta con sus políticas. Crece el descontento. En 1640 se inician los conflictos separatistas de Cataluña y Portugal, las revueltas en Nápoles y Sicilia y conspiraciones varias. España no se cae pero se retrasa muchos años la revolución capitalista respecto de Europa.

Como muchas veces pasa a la crisis social y política sobreviene un siglo increíble en los aspectos mas espirituales. Es el siglo de Velásquez y Murillo, de Góngora, Quevedo, Calderón y si...también de Baltasar Gracián.

El jesuita aragonés (no es que nace jesuita pero casi) nace el 8 de  enero de 1601 en Belmonte (Zaragoza). De los 5 hijos del matrimonio cuatro ingresan a distintas órdenes religiosas. Poco se conoce de su familia y de su infancia. A los 18 años ingresa a la Compañía sin que nunca se sepa acerca de los motivos de su elección. Estudia en Calatayud y Zaragoza y el Rector del Colegio lo califica de una manera que persistirá a lo largo de su vida. Dice de su carácter “colericus, sanguineus”.

En 1631 ya con las sagradas órdenes conoce a Lastanosa, su mentor intelectual, donde accede a su gran biblioteca y lee todo. Accede a los libros y a las tertulias tan comunes de la época. Gran lector de los clásicos, conoce y cita con gran amplitud las “Cartas a Lucilio” de Séneca entre otras lecturas eruditas.

El Concilio de Trento prohibía toda obra de política atea, en especial Maquiavelo identificado con la Reforma. Era necesario identificar razón y fe en la construcción política para establecer una “religión que hiciese estado” (según establecía Ribadeneyra) frente al “Estado que hace religión” de corte más renacentista. El príncipe cristiano, si bien tiene origen divino debía respetar los fueros constitucionales de los súbditos y basarse en la Historia. Tácito frente a Maquiavelo para así establecer y sustentar a una monarquía católica.

4. Su primera obra son los 20 “primores” de El Héroe”  Ya desde esta primera publicación en 1637 Gracián busca la perfección en un texto donde define las cualidades del hombre extraordinario. El héroe sería un varón capaz de sortear todos los obstáculos para alcanzar los fines que se proponga, logrando así el éxito y la fama. “Qué el Héroe platique incomprehensibilidades de caudal” dice ocultando los límites de su capacidad. Para eso necesita disimulo, astucia y prudencia. Este héroe barroco se vale de todas las armas para imponerse, infunde respeto con armas inexistentes para “mantener con el recelo, el crédito” como dice el jesuita.

El héroe no es una búsqueda de excelencia. Es más teatral que ético. El héroe busca, con todas las artimañas, la fama, el supremo galardón y la gloria para pasar a la inmortalidad. El Héroe debe ser simpático, fino, atractivo, una especie de psicópata ganador que en palabras de Gracián nos dice que si no podemos “ser infinitos, a parecerlo”

Las armas para imponerse son el entendimiento y el valor para soslayar el influjo de la Fortuna.

El héroe es teatral y astuto. Resalta la exaltación renacentista del hombre pero sustituye a la armoniosa y equilibrada humanidad por un arquetipo para los tiempos en crisis, más duro, obligándonos a una constante tensión.

Con lenguaje sentencioso y con gran concisión pero sin sistema mas que capítulos yuxtapuestos esta obra le hizo exclamar a Felipe IV “Es muy donoso este brinquiño”.  El Héroe fue una gran éxito editorial de la época.

En 1642 publica “Agudeza y Arte de Ingenio”. Son 63 discursos. En la primera parte con gran estilo barroco grato para la época y una extensa antología de poetas españoles y extranjeros que ejemplifican las “agudezas” y “conceptos” de la teoría. Aparecen así Quevedo y Lope de Vega junto a Marcial, Virgilio, Horacio y Ovidio

En 1646 publica “El Discreto”. Es una continuación del El Héroe pero vinculado al ambiente cortesano. Como dirá Gracián “ El Arte de marear en Palacio” pues hay que variar algunas conductas  cuando estamos en el ambiente de la Corte. Surge junto a la Prudencia, el espíritu aristocrático, señoril llaneza, noble desenvoltura, trato agradable, amenidad pero sin perder la perspicacia y la rapidez de juicio junto a la virtuosa entereza.

Recién en  el último capítulo del El héroe aparecen los valores cristianos. En El Discreto directamente antagoniza con la moral tradicional cuando recomienda, por ejemplo, un “prudente encogimiento” para “esconder los méritos”  de ninguna manera como una suerte de humildad cristianan sino con el deseo de picar “en lo vivo a la curiosidad... cebando la admiración”. No busca la vida eterna sino el éxito social. En realidad Gracián recomienda profundizar alguna cualidad destacada que tengamos para lograr los fines, antes que en una formación integral, ya cristiana o humanística.

 En 1647 llega su obra más famosa, por lo menos en el extranjero, “El Oráculo Manual y Arte de Prudencia”  donde  con trescientas máximas  y con la confusión asistemática habitual de nuestro autor propone las reglas del éxito. En realidad es una adaptación barroca de cosas ya escritas en la antigüedad clásica dichas brevemente y sin explicaciones o narraciones que acompañen.

El mensaje es “Sé prudente” pues si nos dejamos llevar por el impulso con nuestra pobre condición humana no lograremos el éxito ni siquiera sabremos cual es la realidad. Por eso es mejor desconfiar de todo, en especial de uno mismo y reprimir los impulsos con el “arte de vivir” que propone Gracián. De nada sirve dice “la contemplación de las cosas sublimes” si no se tiene “un punto de negociante” y en ello reside “el verdadero saber”. Debemos eludir la necedad...absolutamente... pero solo para aprovechar la ajena. No hay confianza en nadie, solo atacar y defenderse, ni con los amigos pues suelen darse vuelta y son los peores enemigos. El combate, entonces, para ser alguien en la vida debe estar presidido con la astucia, con tretas, con una actitud intencionada y la prudencia que nos guía hacia retiradas mas valiosas aún que las victorias.

Gracián  con el Oráculo se pone al frente del capitalismo salvaje diciendo incluso que “ hay que tener en quien recaiga la censura de los propios desaciertos”. Como verán es importante en la estrategia moral graciana  tener a quien echarle la culpa de los males cometidos. La reacción de los puros y pacatos de turno han caracterizado al Oráculo de abominable y falaz.

Luego del Comulgatorio” obra netamente cristiana viene en 1651 con el seudónimo de García de Marlones  la alegoría El Criticón”.

Son las andanzas de los protagonistas del Criticón Andrenio y Critilo a lo largo de la vida, desde “la primavera de la niñez y en el estío de la juventud” “en el otoño de la varonil edad” y “en el invierno de la vejez”.

Gracián parte de un supuesto barroco:  Natura no alcanza para el desempeño en la vida. Se necesita de la filosofía, el arte y el desarrrollo de las facultades para suplir las deficiencias de la única madre, la naturaleza.. La sociedad no pervierte a los individuos sino que hace posible su perfeccionamiento. Andrenio nada vale frente a la experiencia de Critilo,  hombre de experiencia, racional y de dignos propósitos. Andrenio es censurado por Gracián  por cándido  y Andrenio exaltado porque piensa lo que hace, es cauteloso. Resiste más que acomete y ambos permanecen inalterables a lo largo de la obra. No son los héroes gracianos de obras anteriores, solo, según dice “personas” que como Critilo no busca el heroísmo sino algo “más seguro, aunque no tan plausible,... de una prudente y feliz medianía.. Su obra cumbre está muy bien escrita, con humor e ironía concibe una de las grandes sátiras morales de la lengua castellana.

En abril de 1952 el padre provincial de Aragón recibe una carta del General de la Compañía, Goswin Nickel: Avisanme que el Padre Baltasar Gracián ha sacado a luz con nombre ajeno y sin licencia algunos libros poco graves y que desdicen mucho de su profesión... si esto es así désele la penitencia que se juzgará sea proporcionada a su culpa”. No obstante esto Gracián sigue publicando nuevas ediciones de sus obras, muy exitosas. Lo sancionan.Reprensión pública, ayuno a pan y agua, destitución de la cátedra de Escritura del Colegio de Zaragoza y destierro a Graus. Baltasar Gracián cae en el desánimo, poco sabemos de él en estos últimos meses, y muere el 6 de diciembre de 1658.

No lo movió la antigua voz de Homero
ni esa, de plata y luna, de Virgilio;
no vio al fatal Edipo en el exilio
ni a Cristo que se muere en un madero.

A las claras estrellas orientales
que palidecen en la vasta aurora,
apodó con palabra pecadora
gallinas de los campos celestiales.

Tan ignorante del amor divino
como del otro que en las bocas arde,
lo sorprendió la Pálida una tarde
leyendo las estrofas del Marino.

Su destino ulterior no está en la historia;
librado a las mudanzas de la impura
tumba el polvo que ayer fue su figura,
el alma de Gracián entró en la gloria.

¿Qué habrá sentido al contemplar de frente
los Arquetipos y los Esplendores?
quizá lloró y se dijo: Vanamente
busqué alimento en sombras y en errores.

¿Qué sucedió cuando el inexorable
sol de Dios, La Verdad, mostró su fuego?
Quizá la luz de Dios lo dejó ciego
en mitad de la gloria interminable.

Sé de otra conclusión. Dado a sus temas
minúsculos, Gracián no vio la gloria
y sigue resolviendo en la memoria
laberintos, retruécanos y emblemas.

 Así termina su poema Borges para congraciarlo. Valga la redundancia.


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