Seminario de los jueves

Antiplatónicos del mundo: ¡Uníos! por L.Sacco

1. La Esperanza de la Tradición

La vida cotidiana es inestable, imprudente, meticulosa y cruel. Los filósofos, verdaderos arquitectos de lo más real de lo real, han elaborado una serie de salvoconductos denunciando la inseguridad esencial de la realidad y han establecido también las pautas para que evitemos la transitoriedad que la vida nos impone. A la realidad le falta algo aunque deambula con demasiado Ser. La lucha contra la inseguridad (“todo es del gusano” creía Borges) ha encontrado a los filósofos disponiendo de verdades atemporales, racionalidad perfecta y dando los parámetros ajustados para garantizar una estabilidad emocional para todos. Son los filósofos garantistas. Aunque el Caos no se disipa y los efectos no logran encontrarse con las causas la vida avanza o se disipa (es difícil encontrar el espejo perfecto) según se mire. El mapa del Caos, sobrexplicado sin dudas, expande sus límites sin vergüenza ajena y hasta el malestar en la cultura es epistemológicamente correcto. Planos, planos y planos frente al Caos. Todo es diseño, ingeniería e imagen. Los filósofos han establecido las esencias eternas pero todo cambia y cambia sin cesar. Si todo fluye no podemos establecer modelos mentales de nada, entonces expandamos los modelos (que para eso nos pagan). Hemos necesitado regularidades, orígenes y límites para un mundo adecuado, establecido y absoluto. Los hábitos y la costumbre se repiten para asegurar lo verdadero. La costumbre obedece a la ley y a la espera del progreso podemos contamos con un manto de esperanza desmentido todos los días por un siglo XXI que ha llegado repentino y repetido.

La tecnocracia se presenta heredera del conocimiento y sus explosiones, valga la redundancia, surgieron con las grandes guerras del siglo pasado donde la técnica de matar se desarrolla por otros medios. Con la paz inestable las aplicaciones tecnológicas a las sociedades humanas van y vienen de tal manera que vuelven unidimensional a los organismos de carbono 14 más liberales y librepensantes. Una lógica impersonal avanza objetivamente no solo hacia un mundo donde sus parámetros son predeterminados culturalmente (como pensar, como vivir) sino hacia determinaciones biológicas (pensar y vivir según la función genética previamente determinada por el ADN del capitalismo). El futuro sería “La República” de Platón, con su tono de fascismo ascético modernizado por Huxley en su novela “Un Mundo Feliz” como expresión de una utopía negativa.

Algunos filósofos han reaccionado frente a la idea de un futuro peor. Incómodos frente a su actualidad elaboraron algunas ideas para afrontar la modernidad con alguna resistencia.

Estas ideas buscan el pluralismo, la diferencia frente a tanta identidad, algunos apuestan a la diversidad de la democracia, otros a un capitalismo redentor. La superación de una lógica bivalente, la oposición complementaria, la verdad sin representación o el pensamiento complejo apuntan a socavar las preguntas que llevó a Sócrates y Platón a la filosofía como un modo de sobreponerse a la retórica elaborando una retórica verdadera. La ruptura entre el ser y el pensar de los sofistas la recuperan Sócrates y Platón instalando la búsqueda de la verdad. Las respuestas metafísicas dotaron a los occidentales de una palabra expresiva y representativa de la existencia y a buscar en las matemáticas el lenguaje perfecto. El ser se expresa de muchas maneras pero con conceptos. Todo tiene sentido aunque buscar las causas no tenga sentido. En realidad fue Heráclito el primer antiplatónico porque si la realidad está en movimiento y anda oponiéndose de aquí para allá, no hay espejo durable de nada. No me escuchen a mí ni al logos le faltó decir a Heráclito para que nada cerrara en el fluir caótico de la existencia. Platón eliminó el movimiento o, por lo menos, la interpretación de Cicerón determinó su lectura de tal manera que el fundador de la cultura quedó atrapado ya en la primera traducción.

La muerte de Pericles dos años después del inicio de la guerra del Peloponeso y la caída de Atenas (404 a.C.) ponen fin al florecimiento de la cultura griega. La democracia se debilita y son delitos no creer en lo sobrenatural y enseñar astronomía. Los juicios por herejía comienzan y las victimas son Anáxagoras, Sócrates, Protágoras y quizás Eurípides. Platón está desalentado. Acusa o crítica para hacerlo más leve (ver Gorgias) a Pericles de la degradación de la democracia en demagogia. Para Platón la tiranía es peor que la democracia (un exceso de libertad) aunque la democracia, con la dispersión que propone la sociedad de los iguales no alcanza la discusión el nivel del Ser y la política cae en la violencia, en la ley del más fuerte, en el gobierno de una mayoría poderosa o en la tiranía del orador más eficaz.

La Carta VII muestra a un Platón decepcionado por la muerte de Sócrates, el gran crimen de la antiguedad cometido en nombre de la democracia. Platón busca en la filosofía el fundamento de la política. La injusticia lo pone tan esquizo que prefiere padecerla que cometerla. El padre Parménides no le permite pensar el no-ser, el error, la falsedad ni la mentira. Si “el ser es” según Parménides y no se puede pensar el ser y el no-ser, ¿cómo afrontamos, entonces, la sociedad de los iguales, tan cambiantes, tan modernas? De lo particular solo cabe una “opinión”, no un conocimiento. Para Platón los particulares poseen el carácter contradictorio de ser y no ser al mismo tiempo. Si una cosa no se identifica consigo misma no puede ser pensada. Pero en el mundo real jamás una cosa coincide consigo misma (empirismo).

Un Platón joven mostraba la participación de lo relativo en las ideas. Un Platón anciano devela que el matrimonio entre pensamiento y realidad presenta otras alternativas. La antinomia entre lo uno y lo múltiple ya en el Fedón queda confuso si las ideas están en las cosas o las cosas en las ideas y en el Sofista reconoce a las oposiciones como constitutivas de una misma idea a través de la mezexis (participación) de lo relativo con lo absoluto. Platón demuestra al final de su vida un espíritu crítico superior a todo el platonismo. La verdad como adecuación entre una proposición y la cosa la formula Platón y permanece y domina toda la cultura occidental.

El platonismo impuso la idea de que el objeto de la investigación es entrar en contacto con el Ser, el Bien, la Verdad o la Realidad y que estamos obligados a aprehenderlos para acceder a la única verdad.

Los griegos dejaron la convicción de que había que pensar con los archai (principios) porque están por encima de los asuntos cotidianos. Por eso para Heidegger la filosofía “ha agotado sus posibilidades” y la única posibilidad de construir un futuro es “librarnos de la interpretación técnica del pensar” y los comienzos de esta interpretación “se remontan a Platón y Aristóteles”. Los griegos están cerca nuestro. No están solo en el fundamento histórico de nuestro pensamiento sino integrados a nuestra actualidad. Así, el pensamiento occidental se consuma en una metafísica de la voluntad de poder (según la interpretación que Heidegger hace del Nietzsche de los fragmentos póstumos) como resultado de encontrar a partir del platonismo un mundo en otro lugar, invisible y accesible solo a través de la razón.

Platón instaló en nuestra forma de pensar la certeza de que los seres humanos tienen la verdad en su interior y en el alma el principio consustancial con las Formas. La representación de la verdad en este confuso espejo que es la mente y el lenguaje conceptual capturando las palabras en las cosas creó reacciones en la filosofía, en especial a partir de Nietzsche. Surgen los antiplatónicos: Nietzsche, William James, Heidegger, Wittgenstein, Foucault, Rorty, Davidson, Derrida, Deleuze (para nombrar mis preferencias) son algunos incómodos filósofos que adoptan un modo del pensamiento aún con el riesgo de perder a la filosofía misma muy acusada ya en su compromiso metafísico.

Si los universales, en la tradición socrático- platónica, son previos a los particulares la crítica antiplatónica abrirá el juego a los particulares. Surge la Diferencia para mostrar, más que demostrar, que el conocimiento verdadero no es solo de los universales ni surge del dualismo mente-cuerpo, sino que son los juegos del Poder y del Deseo los que también concurren al escenario del theóros (espectador en las fiestas religiosas griegas) devenida teoría y teórico (ahora como el observador del espectáculo del mundo).

Los pensadores metafísicos creen tener la comprensión correcta del ser confundiendo la verdad con la exactitud. Los antiplatónicos, algunos postnietzscheanos, otros postmodernos, consideran el perspectivismo y la interpretación y no a las categorías de la razón como única alternativa. La metafísica trata de evadir los intereses y las necesidades particulares en pos de una trascendencia sublime.

Los antiplatónicos son gente diversa e interpretan de distinta manera no solo a la tradición sino las consecuencias que asume en nuestra época el pensamiento metafísico. Para Nietzsche la democracia es gregarista, para Heidegger la ciencia “no piensa”, Rorty es más que amable con el capitalismo, Foucault dejaría poco espacio para una resistencia libertaria y todos se cuidan, sin parecerse, de establecer un más acá de la verdad.

Tanta desvalorización del mundo que hay produjo en los filósofos un espíritu post-filosófico. El edificio conceptual tejió una telaraña supuestamente segura donde la racionalidad colocó sentido aquí y allá repudiando a los artistas, a la imaginación y a la palabra creadora. ¡Si por concepto entendiesen la concepción! apunta María Zambrano empujando (como todos los antiplatónicos) el pensamiento hacía la poesía.

2. El Concepto de Metáfora es una Metáfora

Si no hay verdades objetivas ni subjetivas, ni la relación primordial es entre sujetos y objetos y la búsqueda no es por el conocimiento y la verdad, solo hay valores. ¿Cuánto valen los valores? ¿Cómo hacen o qué hacen las sociedades para dar “valor de verdad” solo a algunas creencias?

Nietzsche es una de las rupturas más significativas de la historia de la filosofía. Apunta, más bien, a una genealogía de la filosofía. Con Nietzsche surge un pensamiento inquieto vivido hasta la tragedia personal. El joven Nietzsche sitúa los problemas filosóficos en el lenguaje. Descubre la retórica, lo que es decir la fuerza y el poder del lenguaje, descubre que el lenguaje es esencialmente, Arte. Es el camino de un Nietzsche joven para realizar una crítica a la metafísica, al conocimiento y al lenguaje conceptual.

Si todo discurso es metafórico, lo que es decir competencia de la retórica, el modelo representacional platónico es sustituido por una supremacía de la retórica sobre la lógica y una subordinación del concepto a la metáfora. “Todo es retórica porque todo es lenguaje” significa rehabilitar el lenguaje de la persuasión (doxa), de las copias y los simulacros frente al mundo verdadero, solo visible para el ojo de la razón diseñado por Platón.

La persuasión, el convencimiento. Lo verosímil sobre lo verdadero. El discurso convincente es el que establece nuestra percepción del mundo y la comunicación con los otros. El lenguaje no capta “cosas” sino “impulsos”, es para Nietzsche copia de sensaciones, la transferencia de una excitación a la palabra. Un discurso es verdadero solo en el sentido no de querer instruir sino “trasmitir a otro una emoción y una aprehensión subjetivas”.

Para Nietzsche la retórica no es solo elocuencia sino principalmente lenguaje figurado. La figura queda privilegiada porque así el concepto queda subordinado al artificio de los tropos. Los tropos no son formas secundarias ni ornatos estéticos sino que fundan el uso del lenguaje en tanto metafórico. Los tropos son lo más característico del lenguaje.

El concepto se funda en el logos .La lógica pretende pensar como un todo y articula la supuesta relación idéntica de los objetos. Las categorías de la lógica, sus intentos de objetivar la realidad son para Nietzsche una simplificación que opera como una sinécdoque (“el lenguaje nunca expresa algo de modo completo, sino que exhibe solamente una señal que le parece predominante”. “vela en vez de “barco”, “ola en lugar de mar” dice Nietzsche, (“Descripción de la Retórica Antigua”, 2000). La sinécdoque es una co-implicación. La metáfora, en cambio, no produce nuevas palabras sino que le da un nuevo significado a viejas palabras. La tercera figura es la metonimia, la sustitución de la causa y del efecto. “Sudor” por “trabajo”. Las metonimias son afinidades. “Los tropos no son añadidos a las palabras, sino que constituyen su naturaleza más propia”. No hay para Nietzsche “significación propia” de las palabras, por eso considera el lenguaje como la creación de artistas individuales fijado por el gusto de la mayoría.

Surge, por lo menos en esta etapa de su pensamiento, el “animal metafórico” en reemplazo del más tradicional “animal racional”. Nosotros mismos no somos más que imágenes indescifrables, productores de un nuevo olvido. Los conceptos olvidan su origen metafórico, rechazan este recurso por considerarlo poético e inconsistente. Con la metáfora vuelven los sentimientos, los instintos y el cuerpo como pluralidad de pulsiones inconscientes. La fisiología frente a la metafísica y la metáfora interpretando las fuerzas expresadas por los cuerpos.

La creencia en el conocimiento es un error pues todo concepto no es más que metonimia y las inferencias causales son “mitología”. Nuestro saber se expresa en figuras y éstas conectan unas palabras con otras y no suponen ningún “en si”, ninguna esencia. La vida no tiene fundamento.

Sin embargo queda en pie la tradición. ¿Cómo librarse de ella? ¿ Es posible el desacato ?. Dice Derrida (Escritura y diferencia, 1989): Contra la razón, “solo se puede apelar a ella, solo se puede protestar contra ella, sólo nos deja en su propio terreno el recurso a la estratagema o a la estrategia”. Nietzsche partiendo de la definición aristotélica de la metáfora como una “trasposición” de sentido (entre géneros y especies) necesita de la comprobación de una semejanza. Pero la semejanza se establece por un esquema conceptual ya establecido. La razón muestra nuevamente su conveniencia pues no podemos decir lo no dicho sin decirlo en los términos de la metafísica. Esta “tragedia lingüística” Nietzsche intentará superarla por otra trasposición paradigmática que es el de la interpretación.

La oposición entre metáfora y concepto es conceptual pues son los conceptos los que permiten hacer la pregunta ¿qué es una metáfora ?

Davidson, en cambio, va por otro lado y dice (Mente, mundo y acción,1992): “se trata de la relación entre la mente humana y el resto de la naturaleza” y agrega, “las mentes son muchas, la naturaleza es una”. Hemos empezado a abandonar el dualismo de lo subjetivo y lo objetivo donde la verdad se desplaza hacia las creencias que son verdaderas o falsas, pero no representan nada. Si nos liberamos de la teoría de la verdad como correspondencia nos liberamos del relativismo. Las representaciones son “relativas a un esquema”. No hay para Davidson ninguna división básica entre la experiencia no interpretada y un esquema conceptual organizador. El pensamiento es parte de un mundo público común que genera tipos de coherencia, formas de correspondencia y esto solo es una prueba de la verdad.

El interés filosófico por la “creencia” es la brecha entre lo que se tiene por verdadero y lo que es verdadero. El ser humano es una parte de la naturaleza. La naturaleza no habla pero los seres humanos si lo hacen y se comunican entre sí. El habla es un fenómeno físico: aire en movimiento produciendo sonidos. El problema es el significado de las palabras. La proposición “la hierba es verde” ¿Dice algo acerca de la hierba? La pregunta es válida porque una cosa es el sonido y otra el color de la hierba, pertenecen a dos zonas distintas del mundo. La correspondencia se establece a través de imágenes en la mente del emisor. Así, la imagen mental se parece más que el sonido, pero si nos apoyamos en la semejanza todo se parece de alguna manera. Si el significado de los sonidos es una imagen mental el problema subsiste porque no puedo saber si dicen lo mismo dos personas distintas. Para Davidson son las dificultades del platonismo La pregunta ¿qué es el significado? cambia a como entendemos lo que dice el otro. Es un problema de uso, finalmente un problema de interpretación y comunicación.

Mis creencias (o mis interpretaciones) son en general verdaderas y lo son porque se apoyan en otras creencias que tienen a su vez una presunción de verdad. No todas las creencias de un sujeto, aunque estén justificadas para él, forman conocimiento (algunas creencias pueden no estar suficientemente justificadas). La condición para establecer una comunicación comprensiva pasa, para Davidson, por interpretar como verdadero, cuando podamos, “lo que el interprete acepta como tal”. Davidson propone el principio de caridad de su maestro Quine de favorecer aquellas interpretaciones que preserven la verdad del interpretado todo cuanto sea posible. La filosofía del lenguaje muestra su cara amable y caritativa: los intereses, deseos y necesidades de cualquier creencia no tienen, en principio, una función esquiva frente a las otras mentes. El antiplatonismo de USA tiene poco condimento político frente a la diversidad europea.

Preguntarse ¿Qué es la filosofía? es un asunto tardío para el filósofo. Es una pregunta cuando ya no queda nada que preguntar. Es una pregunta para la vejez o para la re-niñez como el poeta Gonzalo Rojas denomina a ese estado tardío de la no juventud. Lo que he estado haciendo toda la vida, ¿qué cosa era? Preguntan Deleuze y Guattari (¿Qué es la filosofía?, 1993) porque la vejez otorga “ no una juventud eterna, sino una libertad soberana ?

La respuesta a esta pregunta Deleuze y Guattari la tenían hace mucho pero se trataba de plantear la cuestión “entre amigos” aún cuando las cosas ya estén dichas y hechas. La filosofía, entonces, es el arte de formar, de inventar, de fabricar conceptos. Los conceptos son definidos por personajes que se encargan de definirlos. Los orígenes griegos de la filosofía presentan al “amigo” como uno de estos personajes. Ser Sabio era algo muy difícil de lograr y los griegos lo sustituyen, entonces, por este amigo de la sabiduría. Pero no hay una gradación jerárquica entre ambos. El sabio oriental piensa por figuras y el filósofo inventa los conceptos.

Estos amigos “pretenden” la sabiduría. Son amigos y rivales en una sociedad de iguales y el filósofo es el amigo del concepto y la filosofía es la “disciplina que consiste en crear estos conceptos”. Los conceptos son singularidades (toda creación es singular) pues para Deleuze y Guattari “los universales no explican nada, tienen que ser explicados a su vez”. La supuesta muerte de la metafísica o la tan cacareada superación de la filosofía es, para ellos, una “futilidad”. No es que han fracasado los sistemas en la actualidad sino que ha cambiado el concepto de sistema.

En la actualidad surgieron rivales de la propia filosofía: las ciencias humanas, la epistemología, la lingüística, el psicoanálisis, el análisis lógico, finalmente, incluso la informática, el diseño, la publicidad son quienes dicen: somos nosotros los que nos ocupamos de los conceptos.

El concepto “no viene dado, es creado, hay que crearlo”. Los conceptos no tienen género o especie y sus coordenadas no son espacio-temporales sino intensidades que no expresan ninguna esencia ni cosa sino formas que “no tienen más objeto que la inseparabilidad de variables distintas”.Toda la tradición platónica supone una imagen dogmática del pensamiento. Una imagen del pensamiento prefilosófica, de sentido común. Esta imagen prejuzga que el pensamiento es naturalmente afín a lo verdadero porque posee la Verdad. Deleuze se apoya en Nietzsche. Porque Nietzsche afirma que los presupuestos generales de la filosofía son morales: solo la Moral puede persuadirnos que el Bien funda la afinidad del pensamiento con lo verdadero. El pensamiento pasa así como el pensamiento recto, ajustado a derecho y el filósofo un pretendiente con alma pura.

Un concepto no tiene sentido sino se conecta con otros conceptos en un plano de inmanencia (de intensidades y acontecimientos) y no de trascendencias metafísicas.

A Platón la polis se le escapa. Nosotros, los actuales, hacemos frente a la misma dificultad a la que ya se enfrentaron los griegos y que Platón resolvió magistralmente. La sociedad de los iguales libera la opinión (doxa) y esta sería la tarea del sabio moderado, el filósofo, la de encontrar en cada caso la medida justa de lo verdadero entre tantas opiniones disímiles. Para Platón si contemplamos los universales vamos a poder separar la paja del trigo estableciendo un saber entre tantas opiniones rivales. Nos hemos quedado con la paja.

Para Deleuze y Guattari, en cambio, una mirada antiplatónica implica crear conceptos interesantes, cambiando la imagen del pensamiento con pretendientes que valgan la pena. Crear teorías del hacer, romper con los hábitos para que la imaginación invente nuevas ficciones, nuevos conceptos, otras metáforas, flujos de deseo. Una ética. Son las demandas de algunos filósofos que no quieren hacer un repaso de contadores sobre el haber, aunque el riesgo de un pesimismo sin valores potentes nos deje sin la ilusión del devenir.

Deleuze, un Antiplatónico en el Mayo Francés

No se trata de tener mejores argumentos para responder acerca del “en sí” de la existencia. No se trata de atrapar lo real con la objetividad de la verdad y encontrar la representación más certera. Se trata, para Deleuze, de crear problemas porque ellos transforman nuestro estar en el mundo. Deleuze recorre sus mapas. Lo dado requiere la singularidad de un pensamiento desobediente, sin la seguridad de encontrar semejanzas ni burocracias que afirmen una filosofía donde nadie piensa.

Deleuze no quiere estar ni adentro de la caverna ni tampoco afuera. No hay caverna. El filósofo debiera descender hacia la superficie. Es el fin de los Modelos platónicos y sus consecuencias, las cosas reflejadas. Surgen los simulacros, las malas copias, las diferencias con el modelo, los malos pretendientes. La verdad queda sin problemas, la metafísica se diluye, ¿será posible? ¿Qué significa la identidad cuando señalamos cada vez una cosa diferente? Lo común entre todas las cosas es que son diferentes pero ¿se puede pensar así y no morir en el intento? La diversidad aparece con toda su potencia para establecer el encanto de la multiplicidad. Nuevos conceptos, creación de conceptos, concebirlos para que los demás los adopten sin pretender representar nada más que resonancias en la atmósfera de nuestro propio tiempo.



Platón diseña el plan porque el reproche es que todo el mundo pretende cualquier cosa. La teoría de las ideas es una propuesta para seleccionar y escoger porque todos quieren determinadas cualidades (ser justo, bello, verdadero o valiente). En realidad es un hábil organizador de la democracia. La sociedad de los iguales (amigos y rivales) busca establecer las pautas para que las minorías no abusen de la mayorías ni éstas se dejen llevar por discursos adornados, tan común en las democracias demagógicas. Hay que establecer y seleccionar a los pretendientes. “El ebanista pretende hacerse con la madera, pero se enfrenta con al guardabosque, al leñador, al carpintero, que dicen: el amigo de la madera soy yo. Hasta acá no hay problema. Ahora para hacerse cargo del bienestar de los hombres la cosa se complica El político es el primero en decir yo soy el pastor de los hombres. Pero en seguida surgen los rivales: el médico, el campesino, el comerciante también dicen “el pastor de hombres soy yo”.

La rivalidad, sobre la antigua imagen del sabio, se da entre el filósofo y el sofista para establecer el verdadero amigo de la sabiduría La dialéctica platónica establece el linaje de los pretendientes. Recoge las pretensiones y distingue al verdadero del falso. Un pretendiente con aspiraciones debe modelarse sobre la idea. La cualidad de justo, por ejemplo, es posible solamente si se basa en la idea de justicia y así lograr la semejanza mas plena con la idea, se trata de acercarse a la verdad con una representación semejante del modelo. La copia es una imitación del modelo y si es una buena copia tendremos al menos una recta opinión. Pero a veces la imitación viene con un efecto de semejanza pero obtenido por artimañas. Es el simulacro, una copia de copia, una semejanza bizarra, una imagen sin semejanza. El simulacro es una disparidad, una disimilitud muy importante porque parte de una lectura del mundo que dice las semejanzas o identidades se construyen sobre una disparidad de fondo. Si pudiéramos elaborar un pensamiento donde lo dispar sea la unidad de medida y comunicación, los occidentales veríamos la vida y a los otros de una forma totalmente diferente. El piso, claro, estaría en movimiento porque desparecerían los valores supremos y las verdades atemporales. Desaparecería la promesa que suele calmar la angustia pero que tan caro nos sale: no habría ni puntos de vista privilegiados ni objeto común a todos los puntos de vista. Deleuze demuele, improvisa, provoca...

Y es así porque en los simulacros el observador está involucrado. Los modelos y sus copias, en cambio, son un limite al devenir, un ordenamiento del tiempo y sus formas. En la sociedad de los iguales todos dicen, todos hablan. Es la sociedad del parecer, a todos nos parece algo, ¿cómo establecer, entonces, entre tantos pretendientes con sus propios pareceres, el más adecuado? Pues bien, diría Platón, lo más adecuado es lo verdadero y a este se llega con el conocimiento racional de los Modelos. No podemos “los amigos” pretender todas las cualidades y virtudes. Por eso Platón establece los criterios de selección para establecer una trascendencia más allá del Cambio y del Poder. Para Deleuze este es el “ regalo envenenado” de Platón, el haber introducido la trascendencia en la filosofía.

¿Qué significaría superar el platonismo? ¿destruirlo? ¿invertirlo? Para Deleuze la reacción contra el platonismo es establecer una inmanencia que prohíba el retorno de la trascendencia.

Para esto debemos pensar si abandonamos el proyecto de selección de los rivales o cambiar, como pensaban Nietzsche y Spinoza, el método de selección estableciéndolo no por la pretensión sino por la potencia. Detrás de la caverna hay otra caverna y otra y otra, como máscaras sin un rostro verdadero. Donde los simulacros producen efectos de verdad y no verdades supremas. Con el Bien y el Mal las personas buenas copian y representan esta cualidad pero también están las personas con apariencias de buenas que lo degradan. En realidad el simulacro expresa las diferencias con el Modelo del Bien. El pretendiente entonces no es igualito a Papá...

3. Hacia una Sociedad Descontrolada Más Acá de la Razón

Foucault y Deleuze son amigos. Y lo seguirán siendo. Ambos son los puntos de partida de un pensamiento con contenidos y reflejos donde se han disparado consecuencias y conexiones para la Filosofía, el Arte y la Ciencia. Foucault analizó las sociedades disciplinarias desde el modelo del encierro. Los saberes y los poderes se abren paso en una microfísica de las prácticas, los discursos y las formas de exclusión. Para Deleuze (Posdata sobre las sociedades de control) y desde hace pocos años el modelo social son las Sociedades de Control o para ser más preciso las sociedades de gestión.

Las sociedades disciplinarias del siglo XIX eran oscuras, rancias, tenebrosas. No hay luz en el encierro. Es el modelo de la cárcel y a partir de allí Foucault lo desparrama por toda la sociedad. Superados los tiempos modernos donde los hombres lucharon contra las máquinas porque éstas reemplazaban a las manos, la fábrica se alzó sucia, ruidosa y ruin. La línea productiva repite y repite las mismas formas y es mejor hacerlo así y no desconcentrarse a riesgo de perder una mano. Poco sueldo, plusvalía, aumentar la producción y bajar los costos restringiendo la seguridad social todo lo posible. La fábrica es oscura. La empresa, en cambio, es luminosa. “Es un alma, un gas” dice Deleuze. Pasamos del “salario” al “salario de mérito”. La empresa ofrece desafíos y posibilidades donde uno puede destacarse y obtener recompensas diferenciadas en un clima de sana rivalidad. La empresa lleva esta propuesta a la familia. La esposa tiene una amplia oferta de capacitación aunque no cumpla tareas específicas, los hijos reciben seminarios para interiorizarlos de su futuro. La sociedad toda recibe los beneficios y cuando hay despidos, los futuros desocupados son también preparados para afrontar su nueva condición. La empresa ilumina la vida porque lo importante no es la producción. Ahora todo es del Mercado. La oferta principal es de dinero. Tomar crédito, muchas tarjetas de consumo, endeudarse. De las sociedades de soberanía a la disciplina (la crisis del encierro: la prisión, el hospital, la fábrica, la escuela, la familia). Para Deleuze son instituciones terminadas. Es la era de la ”Gestión” , del supuesto aire libre frente al aire enrarecido del encierro.

Entonces somos libres ahora? ¿Encontramos menos dominación en las sociedades de “Gestión”? o en cada caso se enfrentan “las liberaciones y las servidumbres”. Detrás de nuevas libertades se esconden sometimientos “que rivalizan con los más duros encierros”. Es el triunfo de un sistema geométrico expresado en términos numéricos. Todo se mide, se cuantifica, estamos insertos en cuadros de doble entrada y nuestras opiniones se integran en categorías estadísticas, con más menos error de cálculo aceptable.

Del topo del encierro a la serpiente ondulada. De la palanca simple a las máquinas de energía y de ahí a las actuales máquinas informáticas. Para Deleuze más que evolución tecnológica son mutaciones del capitalismo. Ya no es un capitalismo de producción sino de superproducción donde la empresa vende servicios y compra acciones. “Ventas” es el alma de la empresa (y que tengan un alma dice Deleuze “es sin duda la noticia más terrorífica del mundo”) y el marketing es el instrumento de los nuevos amos. Surge el hombre endeudado para reemplazar al hombre encerrado. La tarjeta electrónica abre los espacios si uno ingresa la contraseña correcta. Cada uno en su posición cifrada, con sus collares electrónicos puestos afrontando una deuda interminable y creciente en dinero y con una formación siempre inconclusa. Es el fin de los sindicatos y el comienzo de la secta de los administradores: la nueva organización tiene la tarea de lograr que los deseantes tengan un deseo conveniente. No son tan fascistas y paranoicos como antaño. Muchas veces tienen la amabilidad progre del deseo mediático. ¿Cuales serán las formas de resistencia futuras? ¿Habrá nuevos contra-poderes cuando las determinaciones ya no sean culturales sino biológicas?

El creador de conceptos, el poeta vigoroso o el superhombre ya no son buscadores de la verdad y el conocimiento sino aliados de la vida: personas que buscan afirmar sus puntos de vista sin resentimiento, denunciando las bajezas, las miserias y las formas del dolor, la crueldad y la humillación. Se trata del Sí nietzscheano a la multiplicidad de perspectivas, a aceptar la vida con toda su finitud y amarla igual aunque sea visiblemente injusta. Una vida para hombres de talla y moral alta y no de almas bellas. La existencia de ese otro mundo deseable es para Nietzsche cosa de resentidos y no de seres intensos.

Richard Rorty agrega de manera muy norteamericana que “los que estamos interesados en la política democrática abrigamos tanto el ideal de fraternidad humana como la idea de una disponibilidad universal para la educación” (El pragmatismo, una versión, 2000) Una educación, claro está, según el concepto tan gastado de “pensamiento crítico”. Liberar el pensamiento no es ideologizar el pensamiento al modo en que los nazis “educaron” a la juventud alemana. Pero ¿no estamos inculcando igual la ideología del “socratismo”? La separación entre educación ideológica y educación no ideológica es para Rorty problemática porque la gramática de lo racional y verdadero está instalada naturalmente en el nosotros cultural. Más aún cuando Habermas dice que todo uso lingüístico tiene incorporada la suposición de un mundo objetivo común.

¿Cómo reeducaron los aliados a los ciudadanos de Alemania? Rorty tiene la camiseta puesta del “nosotros los que pensamos así, los liberales antiprohibicionistas, herederos de la Ilustración, socráticos”, ¿le podemos explicar al padre racista o fundamentalista que niega el carácter democrático de una sociedad que obliga a sus hijos a leer libros escritos por negros, judíos u homosexuales ? La respuesta a esta objeción requiere, ante todo, que para participar de nuestra conversación debes ser educado por nosotros. Para Rorty la única posibilidad es desacreditarle a los ojos de los hijos. No se trata de esgrimir razones, no se trata de establecer un litigo de argumentos sino de “tratar de hacer que sus concepciones parezcan estúpidas más que discutibles”desarrollando una educación basada en entender el pensamiento crítico como el desarrollo de una habilidad. Esta habilidad consiste en educar para tener la capacidad de establecer “los pros y los contras de cualquier concepción”.

El creador del pensamiento lateral, Edward de Bono (Yo tengo razón; tú estás equivocado, 1992) convoca a un Neorrenacimiento para una crítica de los hábitos de pensamiento instalados por el “último renacimiento”: la argumentación como base de nuestra búsqueda de la verdad. El Neorrenacimiento , en cambio, busca en el humor el reemplazo de una “lógica pétrea” por una “lógica del agua” la captación fluida de un pensamiento autoorganizador. “Si se juntan una piedra a otra, se tienen dos piedras”, pero “si se añade agua al agua, no se tienen dos aguas”. La poesía se funda en la lógica del agua. Para ello de Bono propone cambiar nuestro ingenioso sistema de pensamiento por un pensamiento operativo que sepa abordar la percepción. Nos aferramos con complacencia a nuestro sistema de pensamiento y no sabemos nada del hacer ni de la percepción.

Pero si abandonamos los dualismos, por ejemplo justo-injusto, ¿como afrontaríamos a un fenómeno como el nazismo? Bueno dice de Bono, como se enfrenta a un camión sin frenos o a una epidemia de meningitis: adecuadamente. Para ello no alcanza la filosofía tradicional y sus argumentos, en tanto no es el mejor método para la exploración. El humor supone un cambio de pautas, supone un sistema autoorganizador del cerebro y un buen modelo para la creatividad y la perspicacia.

Heidegger piensa en un develamiento equivocado entre el hombre y el Ser. ¿Cómo se vuelve de este error? Heidegger se refugia en la poética del ser de una manera provisoria y su “solo un dios podrá salvarnos”, más allá de las interpretaciones, produce escalofríos.

Para Sloterdijk (El hombre operable. Notas sobre el estado ético de la tecnología genética. Conferencia, 2000) la metafísica clásica se basa en una combinación de ontología monovalente (el Ser es, el No-Ser no es) y una lógica bivalente (lo que es verdadero no es falso, lo que es falso no es verdadero). Esta combinación lleva a una incapacidad para comprender los fenómenos culturales porque la separación fundamental de cuerpo-alma, sujeto-objeto o libertad y mecanismo nos llevan a interpretaciones híbridas. Son reducciones sin esperanza. En todo caso abreviaturas. Quedan separados “los entes en subjetivos y objetivos y colocan el alma, el yo y lo humano en un lado, y la cosa, el mecanismo y lo inhumano, en el otro”. Así se produce, para Sloterdijk, “una falsa clasificación de los entes”. Aparece un rechazo por lo que sería un plan tecnológico demoníaco. No se encuentra nada material (en el sentido tradicional de la ontología de la materia) en la representación genética sino información pura: “los genes no son más que órdenes para la síntesis de moléculas proteicas”. Como los sujetos no están habituados a estos nuevos procesos los rechaza por antihumanistas. Sloterdijk llama a esto “ilusión histérica”. Son los reflejos de la humanolatría. La crítica de la división entre sujeto y objeto o entre trabajador y materia prima o entre amo-esclavo solo se puede articular desde la parte suprimida objeto-materia prima-esclavo. El ascenso de la frase “hay información” o “hay sistemas” deja las oposiciones sin sentido. La histeria consiste en buscar un amo contra quien alzarse. Son falsas resistencias. No es un amo subjetivo esclavizando a una materia objetiva sino clasificaciones producto de una metafísica donde la política y la tecnología pertenecen a la lógica bivalente. La imagen técnica ha cambiado. Ya no son máquinas simples. La nueva tecnología de la información se emparejaría así con los artesanos antiguos en el sentido de no forzar la naturaleza. Spinoza señalaba que el potencial de las cosas debía ser sin furia ni fuerza “cuando digo, por ejemplo, que puedo hacer con esta mesa lo que quiero, resulta bastante evidente que no aspiro al derecho de convertir a la mesa en una cosa que come pasto”. La homotecnología de la información se caracteriza por la cooperación antes que la dominación. No es la voluntad de esclavizar sino en todo caso “el deseo de sacar ventajas sobre los otros en la competencia cognitiva. La información genética coopera con un mundo-red donde cooperadores, fomentadores y enriquecedores entran en contacto permanente. La salida de Sloterdijk es evidente: aspira al futuro desde un pensamiento complejo y a una biotecnología no violenta.

La crítica conservadora coloca a los antiplatónicos en el relativismo del “todo vale”. Nietzsche decía (Crepúsculo de los ídolos) que “con el concepto de orden moral del mundo, continúan infectando la inocencia del devenir por medio del castigo y la culpa. El cristianismo es una metafísica del verdugo…” El “todo vale” parecería la imposibilidad radical de toda utopía. ¿Cuál es nuestra única doctrina?, continúa Nietzsche: “que al ser humano nadie le da sus propiedades, ni Dios, ni la sociedad, ni sus padres, ni él mismo”

El filósofo contra el Estado, la Religión o el mayor peligro de todos: la estupidez. El filósofo contra los valores eternos y a favor de la vida, el amor y el deseo. La filosofía como un romanticismo exacerbado de la imaginación. Un Arte en la filosofía.

Antiplatónicos del mundo ¡Uníos! O más bien como Deleuze certeramente apunta: “es deseable que las diferencias se unan, pero no que sean unificadas”.

Un devenir inocente, sin esencias ni determinaciones, porque entre tanta verdad y “en verdad os digo” el peligro sería un futuro muchísimo más excluyente.


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