La máquina Deleuze
2006

LA MÁQUINA DELEUZE - Tomás Abraham y El Seminario de los Jueves

Índice

Prologo ( T.A.) Política Deleuze en la Argentina. ( Javier Benyo- Verónica García Viale)
Deleuze y el análisis político: Spinoza y Kafka ( Jaime Plager)
Política e identidad de las minorías ( Dante Palma)
La máquina Deleuze ( Tomás Abraham)
Filosofía Simulacro y sentido ( Mónica Cabrera)
Spinoza con Deleuze ( Alejandro Rússovich)
¿Qué significa pensar? (Edith Elorza)
La emergencia en la superficie del lenguaje ( Silvia Rivera)
Algún día Foucault será deleuzeano ( Marcelo Pompei)
Literatura Deleuze literario ( Claudia Fagaburu)
Sustracción: la puesta en crisis del poder del texto ( Pablo Ragoni)
Deleuze, Klossowski y la muerte de la transgresión ( Javier Benyo-Verónica G. Viale)
Sacher Masoch ( Alfredo Siedl)
Artes La sensación lógica en Deleuze ( Alicia Leloutre)
Correspondencia entre el arte y la filosofía en “ El Pliegue” ( Ernesto D´Amico)
Liso, inorgánico e indiscernible: el espacio en Deleuze ( Josefina Sartora)
Subjetividades Tonalidades y sismos en Gilles Deleuze ( Sebastián Opacak)
Hacia una reflexión sobre la lectura ( Shila Wilker-Luciano B. Griffiths- Vanina Escale)



PRÓLOGO - Tomás Abraham
El Seminario de los Jueves es un grupo de aficionados a la filosofia que se reúne desde 1984 para estudiar temas y textos de filosofìa. Está compuesto por profesores de distintas universidades y otros integrantes de labores variadas. Hay filósofos, contadores, actores, psicoanalistas, críticos de cine, estudiantes.

Las edades varían de los 19 a los 79 años. Un profesor prestigioso, un académico de nota, catedrático en Alemania, el doctor Orlando Abel Pugliese, un día que nos visitó, dijo que éramos el primer grupo libertario de filosofía Lo tomo como elogio y blasón, y por eso lo presento así ante el lector y el editor. En nuestro medio académico y editorial se tiene una visión prejuiciosa del trabajo colectivo.

No se conoce el funcionamiento de un trabajo grupal. A la palabra “ taller” se la emplea con desprecio. Se está habituado al manejo de cátedra en donde un señor mandarín dirige un contingente de aprendices que le agradece la figuración. El resultado es una serie de textos autocastrados y prolijos que pagan tributo a la tradición. Además de pagar la edición, salvo que se ofrezca como lectura obligatoria a un público cautivo compuesto por sucesivas camadas de estudiantes. Nuestro trabajo resulta de una batalla oral que llevamos a cabo todos los jueves desde hace más de veinte años. La seriedad del mismo no lo da la carga larga y la boca apretada sino el compromiso de asistencia y lectura.

A partir de ahí es necesario ser libre, lo que significa decir lo que se piensa, a quien sea y como sea. No se necesita disciplina si se entiende lo que es entregarse y amar lo que se hace. Es indispensable la irreverencia en un ámbito de jueces que custodian sus tribunales y tienen una visión de la filosofía policial y acartonada. Ya sea con uniformes de derecha, o lo que es más común en el gremio, con uniformes de izquierda.

El resultado de esta labor de encuadre, promoción vigilada y censura, es que los que se dedican a la filosofía nunca escriben y cuando lo hacen no dejan de mirar para atrás. Pero a la inversa de lo que ocurre en los exámenes, la mirada del tutor es para que se copien, el que no se copia está aplazado. Y es indispensable también salir de la endogamia universitaria que hace que los cientistas sociales, los filósofos, los arquitectos, psicoanalistas, o quien sea, segreguen los microclimas que les implatan las máscaras lisas de la autocomplacencia.

Para la filosofìa es inevitable salir, friccionarse y frotarse con lo que no es, fisurar el cemento que la comprime. No es otra cosa pensar: salir y disolver. En los años 2003 y 2004 nos hemos dedicado a la obra de Gilles Deleuze. Es un filósofo difícil, exige un arduo trabajo de lectura, hay que acostumbrar la vista y el oído. Pero los beneficios son maravillosos, enriquece el espíritu, matiza el paladar y fortalece la mente.

Alguna vez escribió que hay dos tipos de filósofos: los edificantes y los sísmicos. En Deleuze hay de los dos. Hay una construcción meticulosa en su obra en donde se invoca y usa a Duns Scotto, Leibniz, Spinoza, Kant, Nietzsche, Bergson, Whitehead. Y hay un derrumbe Deleuze en el que nos lleva de la mano de Artaud, Francis Bacon, Kafka, Groddeck, Alan Guinsberg, con los que abre todas las ventanas y deja entrar vientos y remolinos. Deleuze nos enseña a pensar libremente, para eso terminaba con dos mitos: el mito de la erudición y el mito de la espontaneidad.

Por un lado la administración de un aparato del saber que hace de la filosofía un reformatorio. Por el otro una incitación a personajes que de la filosofìa persiguen un bolero, se reunen para hablar de cuerpo, intensidades, arrojos al abismo, entrañas al sol, y así hacen del dios Diónisos una parillada completa con ensalada de emociones. No olvidemos a los guerrilleros de cátedra y a los asambleístas vocacionales. En este libro – el quinto de nuestro seminario – se ha hecho una selección de la labor conjunta de estos dos años. Los trabajos incursionan por las puertas de entrada que presenta la obra de Deleuze. Por supuesto que no son las únicas y no se resumen en estas palabras mayores. En el rubro Política se toman en cuenta varios aspectos.

La importancia de su obra en nuestro país, su nombre que resuena desde los gabinetes psicoanalíticos y el teatro, a las asambleas barriales y los cursos en la facultad de letras. El uso de su filosofía en los debates de la sexualidad y de las minorías.

El modo particular que tiene de leer a emblemas culturales como Spinoza y Kafka, y los ecos de su pensamiento en los debates actuales sobre la política y la ética. El recorrido que hace de la filosofía está marcado por quienes han transitado por el meticuloso trabajo de sus conceptos. Desde los estoicos, los escolasticos, hasta Foucault, la imagen del pensar que produce lo hace en consonancia con una tradición que deforma, embellece e ilumina. Sus textos sobre la pintura, el cine, el teatro y la literatura, se problematizan aquí mostrando sus singularidades. Con el apartado de Subjetividades, nos referimos a algunos efectos que la escritura de Deleuze produce en los lectores. Los autores provienen de distintos campos culturales: el cine, el teatro, la filosofia, la literatura, o de ninguno en particular, pero todos invocamos el ser aficionados, amateurs, amantes de un oficio.

La palabra profesional suena bien en el mercado, para nosotros es pobre, le falta locura, desesperación, esperanza. No es suficiente con ser un buen cumplidor, nada vale esa supuesta modestia, queremos más. La filosofìa es un arte complejo, y Deleuze lo es.

En nuestro seminario hemos estado recorriendo sus más de treinta libros. En el libro que proponemos al lector, quisiéramos acompañarlo en su lectura de Deleuze. Que este texto sea una rueda de auxilio para sus dificultades y una caja de resonancias para sus intereses y sus despertares. Platón había puesto en el frontispicio de su Academia: nadie ingresa que no sepa geometría, en nuestro libro, y seminario, todos pueden entrar, si quieren trabajar y leer con alegría.

 



Tomás Abraham


[ Volver al libro ]