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TA: No creo que se trate de fases de una evolución. Estamos estancados. La corte suprema tiene mejor reputación. Pero el poder judicial aún no, y menos el legislativo. Es difícil que las instituciones funciones bien en una país en que la riqueza está en pocas manos, y hay una gran masa de gente empobrecida. El dinero es poder, y si no se distribuye con un mímino de equidad, la justicia no funciona, se convierte en una utopía. TA: La democracia no es un régimen político de una definición clara y distinta. Un gobierno republicano se basa en la división de poderes, y esta relativa autonomía depende, como ya lo dije, de una organización social. La democracia republicana es un sistema inestable, en donde juegan diferentes factores, no es calma ni fija. Nosotros vivimos una democracia política presionada por factores antidemocráticos que se sostienen en plutocracias regionales, organzaciones de tipo mafioso, y manejos de grupos extorsionadores. Pero el juego es abierto, la pluralidad existe. TA: Creo que el sistema judicial vive una crisis estructural por escasez de recursos, mala gestión de los mismos, corrupción, una manejo de la ley que siempre permite la excusa y la coartada de los poderosos, y un sistema carcelario inhumano adonde van a caer los pobres. El congreso se maneja de acuerdo a una jerarquía partidaria que depende de la asignación de prebendas. El oficialismo obedece, la oposición de opone, y la liturgia que resulta nos da un panorama extraño, algo anacrónico. Los políticos se juegan en la televisión y no en los recintos, el espectáculo varió su escenario. TA: Diré algo tan sencillo como lo es la misma pregunta: porque a muchos no les conviene. La ley cuando rige, duele. Es mejor el ilegalismo, nos da mayor seguridad y beneficios. Invocamos la ley y la constitución sólo cuando nos sentimos perjudicados. TA: Quizás la principal falencia es la debilidad de nuestro Estado, scuestrado por los grupos sociales y los sectores de poder. Es difícil construir una cultura cívica cuando el aparato que legisla y regula el espacio público es cooptado por intereses sectoriales. Es el salvese quien pueda. Hasta que no haya un estado competente y controlado, eficiencia y rigor en su funcionamiento, la sociedad se organizará o desorganizará sola de acuerdo al juego de sus fracciones de poder, que en la Argentina están fragmentadas. Carecemos de elite. - ¿Cree que es real el “deterioro” de la educación argentina? ¿En qué sentido? TA: Es real y grave, se refleja en la eficiencia de nuestros funcionarios, el discurso de los legisladores, en el modo en que se comunican los periodistas, en el nivel de los medios masivos de comuncación, en la preparación de nuestros profesores universitarios. Los que superan la medianía lo logran a pulmón, por espíritu pionero, pero no porque haya una política de estado. TA: Un bochinche, demagogia bastante barata, gremios prebendarios que se escudan en los derechos humanos para patotear al todo el mundo. Esto convive con la falta de planes y la inexistencia de prioridades. En una sociedad que no tiene un esquema mínimo de de desarrollo tecnológico y económico, no pueden incentivar los polos que le interesan. Todo da lo mismo, la carrera de medicina tiene el mismo régimen que el de letras, el de ingeniería que el de antropología: un absurdo. TA: Supongo que sí, pero no tanto como se dice. Lo más importante en nuestra historia es que los periodistas no tengan miedo y no sean amenazados. Creo que hoy, por lo general hay autocensura, por eso hay un silencio llamativo respecto de la pareja real, salvo chismes de culebrón, que son muy pocos. Pero en nuestra prensa farandulera, nadie se atreve a escribir el segundo tomo de El Jefe. TA: En nuestro país se han fragmentado. Lo dos partidos tradicionales se han escindido. De ellos nacen formaciones frágiles y flexibles. La política ha cambiado, sin duda en todos sus aspectos. Numerosos fenómenos han intervenido en esto, desde la tecnología informática, los medios de comunicación, el poder económico y financiero,etc. TA: Creo que lo más importante reside en la orfandad con la que desarrollan sus actividades los investigadores científicos. Los humanistas, los intelectuales, podemos hacer rendir productivamente, a veces, en cierto aislamiento, es cierto que otras veces no. Pero un científico necesita recursos y formas de organización más complejas, De todos modos todo aislamiento empobrece y engaña. Nos creemos buenos, a veces los mejores, porque estamos siempre entre nosotros. |