MERCOSUR.El mercosur es una realidad inestable. Puede o no ser una inestabilidad normal. En realidad no hay normalidad en las relaciones internacionales. El futuro del mercosur depende de lo que ocurra en lo que antes se llamaba América del Sur. Es posible que este futuro no esté exento de un tipo de violencia hoy ausente. Desde 1989 cambió el escenario de la geopolítica. Este cambio tiene dos cortes. Uno en 1989 con la caída del muro de Berlín; el otro en 1997, con el derrumbe financiero y económico del sudeste asiático. A esto lo acompañaron dos guerras importantes, la del Golfo y la de Kosovo. No olvidemos la crisis político financiero-escandalosa del modelo de la época, México de 1995, en las vísperas de su ingreso al Nafta.Con este panorama la presencia de EE.UU se hace planetaria y su liderazgo único. Hoy la palabra Colombia se escucha con frecuencia. Se habla de la organización de una intervención militar. Colombia es un gran país, pero más grande e importante es Brasil. Lo es por una `vocación´ imperial, que en terminos de América del Sur, es casi decir estatal. Brasil resiste a las relaciones carnales con EE.UU. Carnales en el sentido menemista, es decir relaciones de estilo pedofílico. Nosotros no ejercemos el rol adulto, evidentemente. Aunque tampoco somos pudorosas vírgenes. Brasil quiere una moneda propia y un presencia no satelital. Desde 1964 se ha preparado para ello. Junto a Chile, puede gozar hoy en día de una política de Estado. No la tenemos, nosotros, esta política, por el hecho de que siempre tenemos al menos dos. Pero vuelvo a Brasil. Quiero decir que el objetivo de los EE.UU no es Colombia, es Brasil. Constituye un escollo para la nueva configuración para la región. El Estado brasileño es el escollo, y también lo son las fuerzas de su sociedad civil que se benefician con su modelo industrialista. El problema, ya sabemos, no es la droga, o deberíamos saberlo. El comercio de la droga, uno de los más importantes hoy en día, no nace en la selva colombiana, termina en ella. Lo que importa es la organización financiera de la demanda y los centros de consumo. Recuerdo aquella cena, admirablemente retratada por García Marquez, en la casa de William Styron, junto a Carlos Fuentes y Clinton, en la que los escritores le decían al presidente por qué insistían los EE.UU en una estrategia inútil contra el comercio de la droga y no combatían los centros de poder del narcotráfico en los EE.UU. A Clinton - así observa el colombiano - le pareció una idea muy interesante. Una intervención armada en Colombia modificaría el panorama político de la región. Así como lo hizo la guerra de Kosovo, semanas después del lanzamiento oficial del Euro. La estrategia norteamericana carece hoy en día de ideología, como en la época de la guerra fría, por eso busca motivos. Y siempre los habrá. Saddam Hussein Noriega, Milosevic, carteles y guerrilla colombianas, las manchas negras nunca faltarán en el leopardo internacional. Presencia militar y endeudamiento, estas son las dos pinzas que rodean el escenario mundial. Nuestro país lo ha festejado largamente. No es que los EE.UU sea un ser malo, sencillamente es fuerte, tan fuerte que necesita ser cada vez más fuerte. No soy el único que evoca a la Roma imperial para describir este fenómeno de nuestro tiempo. Pero Roma tuvo bárbaros y cristianos. Sus actualizaciones aún no las vemos, si es que vendrán. Argentina es nuestro problema. Sin duda. En esta última década hemos fabricado una aparato de seducción ideológica con dos bocas. Se nos ha dicho con una de las bocas que somos muy fuertes, y con la otra que somos extremadamente débiles. Por un lado un pregón elaborado por estrategas fisioculturistas, de una rebozante exhibición muscular. Nos dice que somos el país que más ha crecido en el mundo después de China. Que en los foros internacionales no se deja de hablar de nuestro milagro. Que el presidente Memen es el estadista del milenio( ver Miguel Angel Broda en el Cronista). Que el mundo espera nuestros alimentos. Que los inversionistas están ansiosos por entrar a nuestros mercados. Que cada vez están más llenos nuestros bancos. Que el modelo argentino se expande en el mundo. Que si dolarizamos, que si bajamos lo impuestos a las empresas y capitales, que si bajamos las cargas sociales, que si flexibilizamos más, que si promulgamos la convertibilidad fiscal, que si todo esto, no sólo saldremos de los transitorios traspiés, sino que la confianza será tanta, que los billetes y las riquezas lloverán sin siquiera pedir un recibo. Pero por otro lado nos dijeron que no somos nada. Que la concepción de un Estado nacional soberano, dueño de su territorio, de su moneda, de su ahorro, y de su política, de su fuerza militar, corresponde a una visión anacrónica. Un Estado de un mercado emergente es necesariamente débil, y su estrategia no puede ser la misma que la de los Estados fuertes. Por esta debilidad debe ser pragmático, es decir pensar en términos de eficacia. Este pragmatismo se sostiene en un utilitarismo, la eficacia se mide por el bienestar de la gente. El nivel de vida material de la población. Este pragmatismo exige reconocer que nuestra soberanía no se expresa en los mismos símbolos que los países centrales, ni en aquellos que se desplegaron desde la época del primer Perón, la tercera posición, hasta la Argentina potencia del segundo Perón y López Rega. Hoy debemos reconocer nuestra tremenda debilidad; debilidad de país deudor; debilidad de país derrotado militarmente en Malvinas; debilidad de país aislado internacionalmente; de país quebrado financieramente. Debemos ser realistas, es decir medir la dimensión del poder extorsivo de los países centrales. Esta fue la situación de hace diez años. Por un lado, entonces, una Argentina que desde hace diez años cumplió una de las perfomances más exitosas del mundo. Por el otro un destino de accesorio internacional sin posibilidad de otra autonomía que la de seducir al fuerte. Ya han pasado diez años de experimentación de este tipo de política. El nivel de vida de nuestra población es en su 70% entre pobre y pobrísimo. La economía totalmente estancada. La desocupación es una de las más altas del mundo. La delicuencia un problema cotidiano. Tenemos una de las fuerzas armadas privadas más importantes del mundo, casi cien mil hombres armados para proteger a los propietarios. Lo que por supuesto constituye la infraestructura armada de las mafias de hoy. Un país de una fragilidad extrema que no tiene con qué defenderse frente a la menor crisis internacional. Que no tiene otra estrategia que la de endeudarse. Un país que tiene una deuda externa igual a la mitad de su producto bruto y que no exporta más que un 7% del mismo. Una saldo de cuenta corriente negativo, y un Estado desmantelado en su función social que sigue dando pérdida, dicen que por el mal uso de los gastos, y no por el ser el país que menos impuestos a las ganancias cobra en el mundo. ¿Estamos mejor o peor que en 1989? En 1989, ¿ estábamos mejor o peor que en 1983? En 1983, estábamos mejor o peor que en 1975? ¿Sigo con este modo tan argentino de calibrar pérdidas y ganancias? Consolarse con el espanto de ayer y ser el espanto del mañana. Ni la democracia y los derechos humanos enarbolados por el gobierno radical frenaron la debacle financiera; ni jugar al tenis con Bush, dolarizar, mandar naves, o lo que sea, han impedido la clasificación de riesgo país de Argentina. Volviendo al mercosur. Éste no es una asociación entre países, este es su lado diplomático. Es una nueva cartografía según el interés de un futuro plan de inversiones que por ejemplo une el Pacífico con el Atlántico, para tomar en cuenta uno de los puntos en discusión de hoy. Tres ciudades unidas por carreteras y puentes, Santiago, Buenos Aires, San Pablo, tres centros de distribución, tres polos de desarrollo y urbanización. Éste puede ser uno de los principales corredores económicos. Bloques, que dejan afuera lo que no es atravesado por el circuito. En una conferencia sobre el puente Buenos Aires-Colonia, decía el conferencista que el trazado de este puente, inscripto en la nueva configuración regional, sitúa a las provincias del norte argentino en una zona que se llama Caribe que por supuesto empieza en el Caribe y llega hasta el altiplano. Trazado de zonas, polos, corredores, subrregiones, dibujan el nuevo mapa regional para el que las palabras países y Estados es lateral, y que posiblemente sean la base de nuevas entidades políticas, o fraccionamientos de territorios y unidades de hoy. ¿Quién manda? ¿Quién decide esta política? ¿Cuáles son los centros de poder que pesan? ¿A qué intereses responden? Preguntas que no pertenecen a una teoría conspirativa del poder, no se trata de averiguar el nombre del chófer macabro que conduce algún Leviatán imaginario, sino a no dejarse invadir por el vocabulario trágico de la época que dice: manda el destino, el azar de la distribución divina, la Moira o loteo de los dioses griegos. Concluyendo: mercosur en vísperas de una intervención militar en Colombia con el pretexto droga-guerrilla, para imponer toda la fuerza de los EE.UU frente al escollo independentista de los sectores industrialistas brasileños. Complicidad argentina que aspira a integrarse a los EE.UU de todos los modos imaginables, integración financiera, que prácticamente está realizada, militar que también lo está, y política, para lo que se está preparando. Sólo algunos sectores de desarrollo quieren un mercosur regional y protegido,automóviles por ejemplo. Pero las voces de la apertura total suenan cada vez más. Segundo de Brasil en un mercosur amenazado, o en la cola del furgón del coloso imperial, este es el modo en que entramos al milenio. |