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POLÍTICA Y RELIGIÓN

 

Uno de los filósofos clásicos más controvertidos de la actualidad es Baruch Spinoza. Da lugar a una batalla de interpretaciones. No hay dudas sobre el carácter subversivo de su filosofía en el tiempo que le tocó vivir. No publicó sus obras, las firmaba con pseudónimo, sus editores fraguaban la autoría y trataban de que no se los identificara. Spinoza mostraba sus manuscritos y expresaba sus opiniones a un número my limitado de personas.

¿En qué radicaba la peligrosidad de su pensamiento? Por un lado en que formaba parte de lo que se llamaba movimiento cartesiano, identidad grupal que señalaba a todos los sabios que difundían una nueva concepción del universo que ponía en tela de juicio las revelaciones bíblicas sobre la creación y la constitución del mundo. Esta versión cosmogónica y religiosa fue reelaborada en tratados metafísicos y teológicos basados en la filosofìa de Aristóteles. La fisica aristotélica podia congeniarse con la visión que hacía del hombre el centro del universo, a la tierra la sede privilegiada de este ser creado a imagen y semejanza de Dios, una idea de sustancia que permitía la elaboración teórica de las doctrinas de la eucaristía y la de la trinidad, y le ofrecía a la palabra divina una metafísica que mostraba una estructuración del cosmos jerárquica que pasaba de la materialidad grosera a la sublimidad etérea. Además instituía a la contemplación – la theoria – como la actividad más importante del quehacer humano, el fin de la vida, en la que la felicidad y la autonomía del sabio nacían de su encuentro con la Verdad.

Descartes impresionado como tantos otros por los descubrimientos de Galileo, propone deslindar los campos y señalar que existe un nuevo lenguaje que nos permite comprender el ser de las cosas y la verdad de su esencia. Es el lenguaje de la matemática y la geometría que develan el modo en que se organiza la naturaleza. La naturaleza es un orden regido por leyes y principios que podemos elucidar si construimos el método de pensamiento apropiado. Por eso debemos separar las funciones de la escritura y acotar las artes de la palabra como la retórica, la gramática y la poesía a la construcción de las metáforas que enriquecen la imaginación, y diseñar un nuevo ejercicio de la razón con el lenguaje matemático para desentrañar los secretos del universo. Partir de elementos simples y universales, y luego construir paso a paso el orden geométrico de teoremas y demostraciones, nos permitirá construir un cuadro de todo el conocimiento posible, en el que las identidades y las diferencias se despliegan en una distancia mínima. De lo infinitamente grande a lo infinitammente pequeño.

La misión del sabio también varía según la concepción cartesiana. Ya no es la contemplación de la Verdad en un estado de serenidad que nos protege de las pasiones y las ilusiones del mundo, sino la de un pionero de las ciencias que aplica los descubrimientos a la mecánica que transforma el mundo y permite manipularlo en beneficio de las necesidades humanas. Para Descartes una de las ciencias principales es la medicina, nos ayuda a proteger nuestro cuerpo de las enfermedades, prolongar la vida, disfrutar de los bienes terrenales.

La lucha contra el dolor no sigue el canon estoico, tan importante durante siglos, en el que el trabajo del individuo sobre sí mismo, una disciplina y una ascética regulada, lo fortalece ante las tentaciones, los apegos y las dependencias del hombre débil, el filósofo cartesiano ya no trata de idear un modo de alejar las representaciones que nos hacemos de las cosas para así desde la distancia lograr una autonomía que nos vuelva indiferentes a los vaivenes del deseo y dejarnos disponibles para comprender el orden y el ciclo de las cosas, aceptar la muerte, el sufrimiento de la vida , e integralos en una visión total que nos abarca y justifica.

Con Descartes la propuesta cambia radicalmente, se produce una mutación cultural, el universo no es más que espacio infinito y un tiempo abierto en el que se dispone la materia homogénea sin centro de referencia.

El hombre de la sabiduría se convierte en el hombre del conocimiento, y la figura de Aristóteles se desdoblará en otras referencias a la antigüedad como las de Arquímedes y la de Pirro, el hombre de la sabiduría práctica y el de la duda.

En aquellos tiempos se produce un vuelco revolucionario que trastoca la visión que se tenía de la vida, del mundo y del hombre. Los protagonistas de esta transformaciòn fueron Cristobal Colón, Galileo Galilei, y Martín Lutero, En poco más de cien años, introdujeron hombres nuevos, tierras nuevas, estrellas y planetas nuevos, creencias nuevas. Pero esto no se llevó a cabo con un simple agregado, sino que produjo una escisión, un cisma, y un cercamiento fatal para el antiguo espacio del saber y para los acendrados dispostivos del poder vigentes hasta ese momento.

Es el fin del sueño del imperio romano germánico vigente hasta Felipe II. Desde este momento se configurarán los estados nacionales y la constitución de Europa sobre la base de una serie de pactos entre los que cabe destacar el tratado de Westfalia de 1648. El descubrimiento del Nuevo Mundo y de la rutas hacia el Asia, inicia las rutas de la política imperial en su doble vertiente,: la colonización y la conquista.

Se territorializa el mar, se lo divide en zonas, se reparten las áreas de explotación comercial, y se libran cien años de guerras por la posesión de las nuevas riquezas como el azúcar de Brasil, la plata del Perú, la canela y la pimienta del continente índico, las sedas y la porcelana de China, los tulipanes de Turquía.  

Venecia, Hamburgo y Amberes son reemplazados como puertos principales del tráfico marítimo por Amsterdam, almacén de mercaderías provenientes del mar Báltico y del Atlántico, y que pone en contacto al comercio desde Sevilla hasta Dantzig.

El cisma religioso da lugar a un movimiento multiplicador de sectas que se subsume bajo el rótulo de puritanismo, que abre un espacio de disidencia frente a las religiones oficiales. Los estados adoptan diferentes religiones oficiales, manteniento el catolicismo su poder en España y Portugal, el sur de las Provincias Unidas, es decir Bélgica y Francia. El protestantismo deriva en la poderosa rama calvinista que se instala en el norte de Europa, en especial las provincias Unidas del norte, o sea Holanda y Suiza. Inglaterra sigue su propio proceso de acercamiento y distanciamiento del Papado hasta el establecimiento de la reforma anglicana.

El cruce de las familias dinásticas, la transversalidad de las alianzas, y las conversiones religiosas bastante frecuentes, impulsan una serie de conflictos por la posesión de tierras, que llevan a un estado permanente de guerras sólo matizada por breves treguas.

El fin del sueño imperial y el derrumbe del monopolio de la autoridad religiosa provocó una guerra entre ejércitos mercenarios de monarcas trashumantes de una devastación tal que el historiador Simon Schama calcula que en Inglaterra las víctimas de las guerras religiosas respecto de la población total fueron más numerosas que las habidas durante la primera guerra mundial.

Poblaciones masacradas, torturas públicas, hogueras para quienes desafíaban con su saber y sus intuiciones, la fe bien resguardada de los jerarcas religiosos. Los calvinistas prohibían la música, la inquisición católica convertía judíos que tragaban la ostia mientras rezaban para adentro oraciones en hebreo. El genocidio más grande de la historia en el continente americano, en una epopeya que combinaba la idea de que todos los hombres del mundo debían abrazar la fe católica independientemente de su color y prácticas paganas, misioneros que aprendían la lengua del cautivo, conquistadores que copulaban con las indias esclavizadas, mestizaje y ecumenismo en una sangrienta, codiciosa y a la vez generosa, avanzada hecha de restos medievales y sueños cervantinos.

 Los imperios protestantes nada tenían de este afán misionero, el asunto de la salvación dependía de una gracia incomprensible, más allá del obrar humano a la vez que dependiente del éxito en la tierra, y lo religioso debía dirimirse entre a conciencia de un feligrés que con su libro en idioma nacional, se comunicaba con el pastor en una entrega personal a Dios.

Los negros y los indios, no eran criaturas para salvar, sino bienes para comerciar. El tráfico de esclavos y los sistemas de trabajo forzado en minas y cañaverales, fueron los sistemas productivos que emplearon para mantener el nivel económico de una Europa que no podía sufragar más sus gastos de fasto bélico y suntuosidad dinástica, con los impuestos a los campesinos, ya exangües de tanto aportar al fisco. Las revueltas campesinas ante la extorsión fiscal fueron más de una vez la base social y el motivo fundamental para que vastos sectores de la pobreza iniciaran movimientos milenaristas, a veces con resonancias apocalípticas, contra el poder de la nobleza y la monarquía.

El mundo del inicio de la modernidad, el del siglo XVII, nos muestra que la palabra crisis no fue inventada sólo para los nostálgicos de Weimar y para quienes la decadencia de occidente nace con el tercer Reich. Los inicios de la modernidad nos muestra un mundo con convulsiones permanentes. Las transformaciones y las mutaciones de civilización también nos muestran un ritmo acelerado, con otros tiempos sin duda, podemos pensar que las aldeas y las pequeñas ciudadades que recorría Spinoza no cambiaron mucho en el curso de su vida, pero tampoco hay que olvidar que ciudades como Amsterdam y Londres, duplicaron su población ern algunas décadas y que modificaron sustancialmente su medio urbano, así como también sus costumbres alimenticias y su sistema de división del trabajo.

En este mundo la voz de Dios pierde una de sus últimas fuerzas y de sus escasos recursos. El monoteísmo en su dominio cristiano se desangra, los musulmanes, el llamado turco, seguirá siendo una potencia que amenaza las riberas de Europa, el judaísmo sobrevive en el comercio internacional y desarrolla sus labores en medio de la conflagración entre cristianos con una relativa calma luego de la persecusión centenaria en la península ibérica.

Todavía no podemos hablar de científicos, no lo eran, ni se llamaban a sí mismos de este modo el físico Descartes, el especialista en óptica Spinoza, ni el mismo Newton. Los seguidores cartesianos formaban pequeños círculos de afinidades de muy bajo perfil, sectas inorgánicas que sólo en momentos de mayor libertad podían discurrir en las primeras academias de ciencias que la realeza sostenía y protegía.

En la mayoría de los casos los sabios vivían en el exilio y buscaban la protección de cortes que se habían convertido en centros político culturales que competían entre sí.

La ciencia aún estaba articulada a problemas que provenían de la religión y de la tradición metafísica. Es ésa una de las épocas más gloriosas de la metafísica, más extraordinaria aún si la concebimos desde el punto de vista estético, al decir de Borges: una rama de la literatura fantástica. La inventiva conceptual con la cual filósofos como Descartes, Hobbes, Spinoza, Leibniz, construyen mundos completos, sistemas de comprensibilidad universal, requiere un trabajo conceptual inagotable, tanto como lo demanda el principio de razón suficiente. Esta exigencia se incrementa por la dificultades en darle un lugar a Dios. Porque Dios hasta ese momento no puede estar ausente de la filosofìa. Pero en estos sistemas casi exhaustos desde el punto de vista argumentativo, urdian una trama llena y autosuficiente que poco requería de su presencia. El concepto de universo incluía el infinito, por lo que todo creacionismo, ya fuera emanantista o discontinuista, les era ajeno.

Para Spinoza Dios es la sustancia, y ésta no es más que el sistema de transformaciones de dos atributos expresados en los modos del ser. No hay más que modos en una red infinita de correspondencias de cuerpos y potencias. Sin embargo, y el caso de Spinoza es paradigmático, en el último libro de la ética, aparece otro tipo de conocimiento, algo semejante a una facultad intuitiva ejercida por un sabio que se encuentra en un estado de beatitud. Es la serenidad de una especie de sabio estoico quince siglos después de Séneca, que sugiere que aquel que mediante el uso de la luz natural, es decir de la razón que une la verdad de la naturaleza con la capacidad del hombre por desentrañarla, una vez desplegada en todas sus posibilidades, descansa en la contemplación de su propia obra, y desaparece el sujeto, no debe calcular más. Una visión extática resultado de una buena conducta que a su vez se deduce del pensamiento adecuado.

Spinoza dice que las religiones nada tienen que ver con la verdad, sino con la obediencia. Es necesario que los pueblos crean en algo superior, que tengan miedo del poder, que se sometan y enajenen su libertad, para eso las religiones inventan los milagros, un poder sobrenatural que disminuya la capacidad humana.

Pero la resignificación de Dios en el mundo de la razón, un dios de la razón, es en realidad la razón como Dios. Su nombre subsiste, a veces lo hace con el retorno de formas filosóficas antiguas, ya sean estoicas, como de la filosofía medieval judía, como Maimónides, o por lecturas de la cábala, y esto hace que una filosofía que se construye con el uso del cálculo infinitesimal, o con la geometría de Euclides, o la mecánica celeste, para citar a Leibniz, Descartes, Spinoza y Newton, haga uso del hombre divino aunque no tenga otra significación que salvar un mundo que aún no se atreve a abastecerse según las leyes exclusivas de su propio funcionamiento.

Cuando Nietzsche dos siglos después sentencia que Dios ha muerto, no hace más que extraer las consecuencia morales de un hecho que ya estaba en estado práctico desde el siglo XVII, en los inicios de la modernidad. El superhombre nietzcheano tiene ese carácter de superioridad por su destino fáustico. Lleva sobre sus hombros la orfandad de su quehacer. Los valores, la distinción entre el bien y el mal, derivan de un sistema de evaluaciones que tiene que ver con la historia de la humanidad. Nietzsche ubica a la moral en el mismo sitio en el que Spinoza lo había hecho con la religión. Depende de un sistema en que el poder de decidir sobre los valores depende de fuerzas históricas en conflicto.

La era moderna al no legitimarse en fuerzas superiores, inevitablemente, y como resultado de la era de la razón, es una época en que los valores se discuten, están en tensión, cambian de signo, han perdido la sacralidad. El esfuerzo de Kant por hacer de la ley moral una forma y no ya un contenido, un esquema racional derivado del principio de universalidad y de no contradicción, es continuado por quienes oscilan en un nuevo puritanismo racional y un interés volcado hacia los encuadres y los procedimientos de la toma de decisiones.

Pero las consecuencias de esta ausencia de Dios desde el anuncio de Nietzsche, desde la concepción de Marx y Freud, de los grandes que desde el siglo XIX han diseñado la nueva hermenéutica, han sido retomadas por Heidegger. Para él el problema no reside en que dios no está sino en que la pregunta que define la esencia del pensar ha sido olvidada. Este velo que tiene más de dos mil años de historia, ha conducido por un camino de sustituciones que se han servido tanto de dios como de la metafísica y de la ciencia. Siempre se ha querido llenar el vacío que la pregunta por el Ser produce. La ontología se define por un preguntar acerca de la sorpresa de que “Haya”, de la no respuesta al por qué algo más bien que la nada, una pregunta que por un lado es dinámica porque da para pensar, y por el otro lado es una alerta acerca de que no estamos pensando, estamos haciendo, no hacemos más que hacer, en una irrefrenable y maníaca carrera guidada por el pensamiento de la técnica.

La técnica para Heidegger no tiene que ver con el uso que el hombre hace de las herramientas, no tiene visos instrumentales, es un dispositivo empresarial e institucional a la vez que una posición metafísica que nace con la ilusión cartesiana. Heidegger nombra a Protágoras, el maestro sofista, para situar un punto lejano en que por primera vez de modo nítido, alguien ha hecho del hombre la medida de todas las cosas. La mesura y la medida, la sabiduría depende de esta acción del hombre sobre sí en la moderación y la proporcion, la que le asegura un dominio sobre las cosas.

Descartes es quien le da el nombre de naturaleza a la entidad universal que cobija las leyes y los principios del conocimiento, y el lugar de su aplicación. El conocimiento reasume su misión prometeica y se legitima haciendo de esta tierra un lugar de producción de bienes. Los bienes terrenales del hombre. La mecánica y la medicina haran uso de los descubrimientos de la geometría y de la física para hacer de esta vida un hogar más generoso para las ánsias de felicidad humana.

Nietzsche es el hombre de la desilución, el proyecto racional que pretendía hacer sin dios, lo han reintroducido por la ventana de la moral, el puritanismo de una civilización que con Sócrates y Jesús como íconos fundadores, ha hecho del hombre una gran cabeza sin cuerpo, un productor de cosas y resentimiento. Un homo faber que odia al homo ludens. El Artista nietzscheano, este danzarín que juega con arena, convierte al espíritu trágico en un mago de las formas.

Para Heidegger el artista de Nietzsche es una encarnación más de la era de la técnica, el hombre del hacer, el de la voluntad de poder es una entidad metafisica que afirma la creación por la creación misma en una gratuidad maníaca y sobredimensionada.

El hombre no debe hacer sino pensar, y pensar implica una meditación filosófica sobre la palabra antigua de los trágicos y los presocráticos que alertaban al hombre sobre los peligros del poder. Pensar no es poder, de alguna manera es un ejercicio de incapacidad, de impoder, un sitio en el mundo que conserve el misterio y la necesidad del no saber.

En la actualidad parte de la reflexión más interesante sobre la relación entre ciencia y ética, como la de Peter Sloterdijk y la de Hans Jonas, se dan en un diálogo con Martin Heidegger. Hay dos acontecimientos en el mundo de la ciencia y de la técnica que han provocado de parte de filósofos un interés creciente. Son dos estallidos con consecuencias imprevisibles que alimentan la fantasmagoría y nutren un sistema de miedos cuya veracidad es enigmática. Se camina sobre una cornisa. Una es la fisión nuclear y su uso para destruir poblaciones civiles desde el lanzamiento de las bombas sobre las poblaciones japonesas. El otro es el desarrollo de la creación de hombres enteros a través de procesos de clonación, a lo que podemos agregar la posibilidad de alterar el genoma humano. Podemos seguir con otras variantes tecnológicas en este era de la información, que de todos modos superan hasta la posibilidad de ficcionalizar el futuro, en especial de parte de, quizás, las últimas generaciones formadas en la cultura humanista.

Es muy posible que nuestra fantasía produzca imágenes nada más que exóticas, teñida de cualquier tipo de anacronismos. El androide del futuro sin duda que no será tal como lo imaginamos actualmente. Tampoco los objetos voladores de Verne estaban habitados por señores a lo David Niven, ni los seres extraterrestres son como los enemigos de Flash Gordon. De modo análogo nuestros terminators en última instancia no son más que gobernadores de California.

Pero es en el terreno de la ciencia y de la técnica en donde sin duda se produce algo del orden de las mutaciones. El debate y el desarrollo de lo que se denomina bioética nos muestra un intento de palabra filosófica en el porvenir que se avecina. Es difícil de todos modos que el pensamiento de Aristóteles como el de Kant, sus reglas tantos siglos paladeadas en las esferas institucionales medievales y decimonónicas, sean instrumentos algo más que decorativos para reflexionar sobre la gran empresa de la ciencia. Tampoco parece que Platón esté en condiciones de sustituir al Prozak, por la sencilla razón que los intrumentos de la filosofìa son mentales, no apelan a una facultad distinta a la exigida por la voluntad de raciocionio, y allí en donde lo mental flaquea, se instituye lo neuronal.

En otras épocas San Agustín invocaba una nueva dirección para el hombre que fracasa con su razón, como según él, habían fracasado los estoicos, aquellos optimistas de la razón, era el amor a Dios, la fe. El mismo Pascal ante el nuevo mundo descubierto por los astrónomos, el del universo infinito, lanza su interrogante de silencio y pequeñez ante la inmensidad incognoscible.

Hoy ante el mundo que se nos abre y nos inquieta, nos queda el humanismo, la cultura literaria que usamos como escudo ante los embates de la técnica. De ahí la permanente preocupación por la pérdida en riqueza lingüística, la falta de lectura, la degradación en el uso del idioma. Todos esto sin duda que es síntoma de una decadencia, pero quizás no de la cultura en general para horror de los higienistas del lenguaje, sino más bien de una tradición.

Sloterdijk habla de este cambio de paradigma cultural en el que la escritura digital y la escritura y la reescritura de los genes desplaza al humanismo de las artes, las letras y las ciencias. Hay algo más allá del hombre, que no es el cielo, sino la partícula.

La idea de Sloterdijk es que la cultura técnica de la actualidad tiene un desarrollo que lleva a formas de cooperación, a una creatividad de la inteligencia que transformará al hombre en un ser de formidable plasticidad que lo llevará a producir y descubrir nuevos mundos. Así como el hombre de la edad de piedra hizo de la piedra el instrumento que le permitió dejar la animalidad, forjar su vista, mentalizar los blancos, hacer emerger la inteligencia del cálculo, y usar el primer proyectil, una piedra útil además para cortar, dividir, multiplicar, con lo que la piedra junto a la cooperación tribal y a la vida colectiva es lo que Heidegger llamaba el hogar del hombre , su casa, así como Sloterdijk haciendo uso de los trabajos de los paleontólogos, describe el trabajo del hombre de la piedra como el forjador de una humanidad que se atribuye por lo general al lenguaje como la casa del ser, ahora se dirige a las nuevas ciencias de la información para señalar la nueva apertura, el nuevo claro en el bosque del que hablaba Heidegger, a partir de la era de la técnica.

Este formidable desarrollo de las fuerzas productivas del conocimiento, chocan con relaciones de producción y propiedad que corresponden a una era que se resiste a su desaparición, que se encierra en las lógicas bivalentes,¡ que divide lo verdaderon y falso, lo uno o lo múltiple, el hombre y el mundo, el sujeto y el objeto, la que pretende hacer perdurar una ontología monovalente, el ser es, el no ser no es, que es la era de la sospecha, la del señor y el siervo, la de la materia prima y el ejecutor que hace con ella lo que quiere, esta fase de un conocimiento ya perimido es el corset contra el que chocan las nuevas tecnologías. Hay que comprender que el gen no es lo que era el carbón en la era industrial, una materia prima para hacer funcionar máquinas al servicio de un señor que las posee.

Para Sloterdijk los rumbos que toma la investigacion científica auspician un nuevo mundo de cooperación y no de manipulación. Sostiene que hay que dejar de lado fantasmas anacrónicos. El hombre trabaja sobre sí mismo, y esta no es una noticia nefasta. La considera auspiciosa. Hans Jonas, por el contrario, se remite a la tradición humanista con el fin de alertar sobre los peligros de una ausencia de estado y de legislación en materia científica: La noción de responsabilidad es la que es necesario reforzar para no dejar huérfanos de preocupaciones éticas las investigaciones científicas y sus aplicaciones técnicas.

Las religiones hoy en día también se preocupan por los descubrimientos científicos y los miran con inquietud. Especialmente la iglesia católica que es la que sigue de cerca todo lo concerniente a lo que modifica las costumbres y la visión que se tiene del mundo de la sexualidad. Por eso lanza pernanentes voces de alerta en todo lo conciernente a la contracepción, a los nacimientos inducidos o artificiales, y a las cuestiones de la eutanasia. No ocurre lo mismo con las otras religiones – salvo los evangelistas que disputan el espacio de la iglesia católica en el absolutismo de su prédica y su fondo milagrero - , en especial la protestante que ya tiene una tradición de dejar que el mundo profano siga su camino mientras matenga viva la fe.

El espíritu trágico en el mundo antiguo no consiguió detener el camino de la política. La política nace cuando el mundo de los dioses emprende la retirada, y deja que el hombre cree sus propias leyes. La visión quietista de los estoicos, la de un Séneca, no impidió que fuera estratega del imperio romano en tiempos del nacimiento del cristianismo. Eran tiempos apocalípticos aquellos que agrupaban a sectas judías y gnósticas que anunciaban los carros de fuego y la llegada del Mesías purificador.

Hoy la religión musulmana adopta este lenguaje de guerra santa y de fin del mundo, también hacen uso de él sectores evangelistas y otros que se ven en peligro como el judaísmo ortodoxo de Israel.

Hubo una época, hace mil años, en que en el Al Andalús, en la península ibérica ocupada por los musulmanes, las religiones convivían en una época que se destacó por el regreso de lo más preciado del helenismo y que unió a la humanidad entre Bagdad y Sevilla. Los misticismos sufíes, la filosofía Aristotélica, la poesía en idioma ladino, las artes del grabado y la escuela de traductores de Toledo, crearon una civilización luego destruída por el fanatismo islámico y la inquisición cristiana.

Hoy la religión retorna luego de dos siglos de ilustración. Las fisuras y el derrumbe de las ilusiones emancipadoras de las utopías y las filosofías de la ilustración, nacidas en 1789 y sepultadas por los escombros del Muro en 1989, hacen resurgir los etnicismos, los nacionalismos, y la identidad de estos grupos tiene un núcleo fuerte en su tradición religiosa. Pasó en Polonia, en Bosnia, Croacia, en Rusia, en Afganistán, Irán, en el medio oriente.

Hay un entramado de creencias religiosas, reinvindicaciones nacionales, resistencia contra opresiones étnicas, lucha de clases entre feudos empresariales asociados y poblaciones miserables, difícil de desmadejar. Hay un sentimiento de violación que se trasmite en la prédica contemporánea cuando se azuzan los odios. Ser violado en su misma casa, humillado y vejado, no es una ecuación algebraica ni el resultado de una ideología que nace de una filosofìa de la historia. Las religiones hoy como ayer en sus momentos calientes hablan en términos de una emotividad máxima, son fábricas de odio. Inquisiciones, pogromes, cruzadas, guerras santas, genocidios, asesinatos a mansalva, la palabra de dios no le ha ahorrado ningún dolor a la humanidad. Es un lenguaje, así como el idioma del nacionalismo, de alta frecuencia pasional y de la más efectiva lógica de la guerra: o ellos o nosotros.

Es necesario distinguir la experiencia religiosa de la religión organizada. La experiencia religiosa nace del reconocimiento de un mundo del que desconocemos el sentido, del miedo que nos da nuestra desaparición en la muerte, y de la experiencia de que hay una realidad que la rutina de la vida oculta, y que podemos acceder a ella por medio de una visión extática.  

En cada una de las religiones conocidas existe un fondo místico que apela a las más variadas formas de alteración de la mente domesticada por las necesidades culturales de sociedades jerarquizadas. Así como la locura adopta las formas históricas en las que se manifiesta, y en la modernidad aparecen los napoleones como en la antigüedad los san anastasios desvariados, los misticismos tienen formas de lenguaje que adoptan de la tradicion a la que pertenecen. En las visiones de Teresa de Jesús aparecen otras imágenes que en el Don Juan de Castañeda.

Respecto de las religiones organizadas, creo certeras las interpretaciones ya mencionadas de Spinoza y Nietzsche, tienen que ver con la moralidad de sociedades que requieren de sus miembros un sistema de lealtades y de obediencias, que refuerzan con imágenes de seres superiores a los que debemos pleitesía. La desobediencia se traduce en un cargo de conciencia, la culpa, una deuda interior y permanente, que cumple la función de la autocensura sin la cual sería imposible la vida en sociedad..  

En nuestro país la alta jerarquía de la iglesia no está interesada en los pobres, por supuesto que es parte de su poder la llegada que tiene en sectores de pobreza,

 Y hay muchos curas rasos que trabajan para alviarles el dolor de la marginación y la explotación, pero lo que a la alta dirigencia católica sì le interesa es la educación, ahí juega todas sus fichas, en atacar a un gobierno que nombra a Filmus, o a Puiggrós, en esos cargos. Si los tuviera bajo su paraguas dispositivo de censura, sería mucho más condescendiente y comprensiva con las realidades económicas.

Las grandes religiones hoy en día cumplen una funcion política. Hay dos vertientes religiosas de poder creciente. Una es el islamismo. No deberíamos por nuestra ignorancia, desconocer que dentro del mismo tienen que haber diversas tendencias con posiciones variadas y hasta opuestas. Hay corrientes moderadas y otras fanatizadas. Las fanáticas son las que están en auge. Como ocurre en Iran, como está ocurriendo en Irak, las autoridades de la teocracia chiita encuentran apoyo en la sociedad civil en desmedro de los sectores que piden mayor liberalidad. Podemos preguntarnos qué hace occidente para favorecer a los grupos y las tendencias reformistas.

 En Irak, el derrocamiento de un dictador como Sadam ha hecho retroceder las conquistas laicas que desde la década del setenta tenían las mujeres incluso en las leyes aprobadas por anteriores constituciones. La humillación de la intervención extranjera, suelda en una sola pieza a los sectores que se benefician con la identificación de la prédica fundamentalista con la llama de la dignidad nacional. Es una mezcla explosiva.

No está ocurriendo lo mismo en latinoamérica en donde los sectores evangelistas han crecido a expensas de la iglesia tradicional. Es un mosaico variado y poco coordinado que no ha penetrado por el momento las altas esferas del poder ni ha manipulado los movimientos populares.

Hasta que la situación en medio oriente no cambie, hasta que las reformas políticas no hagan retroceder a los sectores extremistas y creen las condiciones de crear un estado binacional en Israel y Palestina, mientras los beneficios tecnológicos de la modernidad laica no se vuelquen en una distribución del ingreso que favoresca a sectores oprimidos, y formas de gobierno republicanas muestren logros apreciables, los sectores fanatizados tienen tierra fértil para hacer de los libros sagrados armas de destrución masiva, libros muerte como la biblia, el talmud y el corán, no servirán para propagar la hermandad sino la masacre.

El cambio de una situación que tiene visos de apolíptica no provendrá de los textos religiosos ni de sus autoridades sagradas, sino de una nueva voluntad política. Son pocos los signos en este sentido, pero ha habido algunas señales, pocas en medio de las guerras. 

( 2005)

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