LA CAJA DIGITAL
Nro. 1 - Año 9 - enero de 2014
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LA CAJA (1992/1994)
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    La Tempestad. Un Acto de Magia/ L.Sacco
    (Disertación en el Seminario de los Jueves )

     

    1. La época isabelina es un estado policial. La reinstauración del protestantismo contra los católicos y la cuestionable legitimidad de la reina Isabel hacían sensible al trono a cualquier tipo de cuestionamiento y represión ante cualquier insurgencia. El ejército garantiza el orden frente a  una policía torpe e ignorante y una extensa red de informantes y espías (con pagos importantes a la delación del vecino) mas censura y manifestaciones públicas del poder de la Corona sustentan un estado represivo. La propaganda se expresa, como siempre, desde el púlpito y la escuela. Los grammar schools, por un lado y la gran importancia que tuvo el uso del inglés en lugar del latín en las iglesias ordenan un desorden primordial basado, a partir de la 2da. Parte del siglo XVI  básicamente porque los labradores se quedan sin tierras (merced a la destrucción de los monasterios que cobijan campesinos y el cercado de tierras para proteger  a las ovejas  cuya lana abastecía a la industria textil de Flandes. Los campesinos  emigran a Londres y  aparece una clase media ilustrada producto de la educación y las condiciones del comercio y las finanzas. Entre 1500 y 1600 la población de Inglaterra pasó de dos a cuatro millones. Londres fue el destino de campesinos sin tierras y de nuevos hidalgos universitarios. Londres es famosa por su hedor a podrido, su ruido, la suciedad, la superpoblación. Londres dividida por el Támesis, unida por el Puente de Londres que luce en sus parapetos las cabezas de los criminales de un modo aleccionador. Las lluvias devuelven las aguas residuales a las plantas bajas de las casas. El agua no era potable y el té aún desconocido era reemplazado por la cerveza a toda hora, como ahora.

    A partir de 1586 el obispo de Canterbury tanto como el obispo de Londres estaán a cargo de la Censura. En 1578 se crea la figura de Master of Revels para velar por todas las obras antes de ser representadas. Al parecer, entre 1590 y 1642 unas dos mil obras de teatro pasan por la censura y solo se sabe con seguridad que unas treinta fueron objetadas por el censor. Solo treinta. O la censura no era tal o el miedo (la nariz, la oreja o la lengua eran susceptibles de ser cortadas, “la autoridad tiene atada la lengua al arte” dice Shakespeare en el soneto 66) y la autocensura funcionan muy bien para beneplácito del poder. Solo la deposición del rey, en Ricardo II, es la única escena cortada, constatable, en toda la obra. Tampoco podía Shakespeare mostrar su catolicismo en caso que fuera realmente católico.

    Desde el siglo XII, más o menos, aparecen los “milagros”. Son dramatizaciones al aire libre en días de fiestas religiosas sobre historias bíblicas. La Creación, la caída del hombre y el juicio final son representadas, siguiendo la estructura dramática de la liturgia católica. Los milagros perduran incluso hasta el siglo XVI, transformados en eventos cívicos donde los gremios se hacen cargo de las historias bíblicas. Así, por ejemplo, los carpinteros representan la historia de la construcción del Arca de Noé. En “El sueño de una noche de verano” Bottom capitanea un grupo de actores artesanos en una subtrama muy propia de Shakespeare pero no inventada por él. Son populares los milagros sobre la destrucción del infierno realizados por el ano del diablo. En la escena del portero en Macbeth Shakespeare hace una alusión a este episodio.

    El teatro pasó de ser un entretenimiento ocasional a un gran negocio empresario. Las autoridades cívicas aborrecen e intentan frenar la inmoralidad y la irreligiosidad que presentaba el teatro como evento público. Se intentó controlar con decretos y atacarlo con panfletos pero nunca se lo prohibió. Tanto Isabel como su sucedor Jacobo I son  un público destacable  propensos a presenciar nuevas obras. La misma sociedad isabelina  era teatral. Sus actos estaban constituidos tanto de apariencia como de pautas dramáticas. En 1588, para arengar a los marinos que se enfrentarían a la Armada Invencible, la reina se presenta como una amazona inglesa, con una coraza de plata y caballo blanco. Rodeada del culto a su virginidad, la reina y sus damas de honor, también castas, aparece en la corte, ya anciana, con sus pechos arrugados y desnudos y su vientre blanco y delicado, a la vista de todos. La teatralidad del poder. Shakespeare mismo en 1599 llama a su nuevo teatro The globe y escribe en su entrada “Totus mundos agit histrionem” (El mundo entero es un escenario) donde los cuerpos reales se presentan con sus vivencias. Donde el hombre es central en el esquema del universo, el cuerpo humano objeto de estudio de una nueva concepción de investigación científica. El teatro, desde esta perspectiva no puede prohibirse porque pertenece a una identidad nueva en el mundo enraizada en los actos del poder.

    Al mismo tiempo es un teatro artificial, casi sin decorado.  Las representaciones son de día  aunque haya escenas ambientadas en la noche. Los papeles femeninos a cargo de jovencitos dan pie a chistes en toda la obra shakesperiana. La lluvia empapa a los espectadores mientras Antonio y Cleopatra caminan enamorados en un tórrido Egipto. Duncan pasa su última noche en el castillo de Mabeth a pleno día y los actores maquillados de blanco mueren muchas veces  por el alto contenido de plomo en el maquillaje. La parte más verosímil es el vestuario. No es un teatro ilusionista. Necesita de una retórica convincente y de un espectador benévolo e imaginativo. El teatro isabelino necesita concentración del público y fomenta una actitud crítica y contestataria.

     

    2.  La Tempestad abre en la primera escena con una tormenta y el naufragio de un barco donde viaja gente importante. Alonso,  rey de Nápoles y su corte regresan de Túnez donde han asistido al casamiento de su hija Claribel con el rey de ese país. 

    En la segunda escena, de gran extensión, asistimos a una conversación entre Próspero y su hija Miranda. Ahí nos enteramos que fue él con su “arte” quien ocasiona la tempestad sin victimas mortales. Le cuenta a Miranda como han sido los últimos doce años de su vida. Próspero era el duque de Milán pero estuvo siempre más aficionado a los libros que al gobierno. Su hermano Antonio, actual duque, lo destituye en connivencia con Alonso  y abandonado en un barco con alimentos, agua y sus preciosos libros gracias a Gonzalo que le provee todo para que sobreviva con su hija Miranda. Próspero educa a Miranda en estos 12 años. Shakespeare resume la situación trágica de la obra y nos presenta a un mago hermético, un anciano irritable y enojado con la vida. Le recrimina a Miranda porque no le presta suficiente atención. Sigue una conversación entre Próspero y Ariel donde este le informa la buena conclusión de la tormenta y el naufragio realizado por encargo de su amo. Ariel no deja pasar la oportunidad para pedir su libertad y logra irritar a su amo nuevamente. Próspero le recuerda su propia historia. Ariel era sirviente de Sycorax, una bruja expulsada de Argelia a la isla y al no cumplir las órdenes abominables de su ama, lo encierra doce años en el tronco de un pino donde Próspero lo libera al llegar a la isla. Próspero, no obstante, le promete liberarlo si sigue con él dos días más. Entra en escena Calibán, maldiciendo a su amo Próspero. Es el hijo de Sycorax, el único autóctono de la isla. Al principio Próspero lo trata de educar hasta que Calibán intenta violar a su hija y Próspero lo confina a una cueva donde solo puede salir para traer leña. Calibán sale de escena y entra Fernando, el hijo del rey de Nápoles con Ariel, “espíritu etéreo” e invisible para él, cantando y tocando posiblemente un laud junto a unos espíritus que participan del estribillo. Fernando y Miranda tienen un amor a primera vista y en veintiséis líneas de conversación Fernando le declara su amor y le promete convertirla en reina de Nápoles, siempre que sea virgen. Prospero se interpone y lo acusa de tratar de usurparle la isla y los hace prisionero.

    ¿Dónde están los otros náufragos? En la primera escena del segundo acto nos lleva a otra parte de la isla donde Alonso se lamenta de la muerte de su  hijo y Gonzalo se entusiasma con la posibilidad de establecer una república. Todos se duermen por la música de Ariel salvo Sebastian y Antonio que aprovechan para conspirar y matar en ese momento al rey. Están por sacar sus espadas e interviene Ariel, enviado por Próspero y lo despierta a Gonzalo que despierta a todos y evita la conspiración. En otra parte de la isla Calibán se encuentra con Stefano, un mayordomo borracho, y Trínculo, el payaso. Los toma como dioses caídos del cielo, bebe y promete ser sus esclavo.

    El tercer acto comienza con un encuentro entre Miranda y Fernando donde se declaran su amor mientras Próspero los observa con satisfacción. Calibán, por otra parte, les explica a Stéfano y Trínculo cómo Próspero le usurpó la isla haciendo Magia y les promete que si matan a su amo él les dará la isla, en el segundo complot de la isla. Próspero les prepara un banquete al Alonso, el rey y a su hermano Antonio pero antes de comer aparece Ariel disfrazado de arpía y los acusa de haber usurpado el poder de Próspero en Milán y le confirma a Alonso la muerte de Fernando.

    El cuarto acto lo vemos a Próspero felicitando a Fernando  por haber superado la prueba de amor  de no tocarla y le encarga una celebración a Ariel. La fiesta es suspendida ante el complot de Calibán y mientras los tres conspiradores se empiezan a probar las vestimentas reales que Ariel ha tendido de un árbol entra una jauría de espíritus con forma de perros que los persiguen fuera de la escena.

    En la quinta escena, Próspero realiza un famoso parlamento (basado en el de Medea de Ovidio) en el que promete dejar la magia en cuanto logre sus propósitos y se lo restituya como duque de Milán. Entran el rey, Antonio y Sebastián, conducidos por Ariel y Gonzalo. Próspero se presenta, los va despertando del encantamiento, reclama su ducado, perdona a su hermano y corriendo una cortina descubre a Fernando y Miranda jugando al ajedrez. Reaparecen los marineros que han dormido en el barco y los conspiradores con Calibán a la cabeza. Próspero le ordena limpiar su caseta, lo libera a Ariel y La Tempestad tiene un final feliz.

    La obra empieza trágica y termina con reencuentros y reconciliaciones. La Tempestad termina  y un futuro mejor aparece en el horizonte. ¿Será tan así?

    Al final Gonzalo invita a la alegría y dice:

     

    “(…) en un viaje

    Claribel ha encontrado un marido en Túnez;

    Y Fernando, su hermano, ha encontrado una esposa

    Donde él mismo estaba perdido; Próspero

                                              (ha encontrado) su ducado

    En una isla pobre; y todos (nos hemos encontrado)

                                                    (a nosotros mismos)

    Cuando  ninguno estaba en si”. (La Tempestad)

     

     A Gonzalo (del italiano gonzo: simplón, bobo) no le afectan los detalles shakesperianos pocos esperanzadores:

     

    Dice Próspero:

    “En cuanto a ti, malvadísimo señor, a quien llamarle

                                                                 Hermano

    Hasta infectaría mi boca, te perdono

    Tu crimen más vil, todos ellos; y te requiero

    Mi ducado, el cual sé

    Que me debes devolver por necesidad”. (La Tempestad).

     

     

    Cuando Gonzalo llega a la isla ve a la isla fértil y verdosa y Antonio incolora. la lectura queda abierta. Depende del director si el decorado es verde o gris o al lector atribuirle la verdad a Gonzalo o a Antonio. Típica ambigüedad de Shakespeare donde nos compele a rellenar los huecos. Surgen las preguntas de la obra: no sabemos si Próspero es un gobernador y mago noble y benigno o un tirano megalómano, un  imperialista o un civilizador o un mago hermético o un científico neoplatónico y Calibán ¿es un bruto o un salvaje sensible? ¿Un violador? ¿un amante de la naturaleza? Shakespeare lo deja abierto, como dicen algunos críticos, leer una obra de Shakespeare es crear una obra de Shakespeare, y en este sentido  La Tempestad alcanza el pico más alto de diversidad de lecturas y de apropiación política de su sentido.

    Si nos ponemos del lado de Gonzalo se acentúa una interpretación “sentimentalista” donde Próspero y su magia aparecen de una manera “solemne y poética”. Al principio se la vió así. Doscientos años después se empezó a hacer la conexión entre Próspero y Shakespeare, donde se la transforma en autobiográfica y en una expresión definitiva de su arte.

    Uno de los parlamentos más conocido de la obra shakesperiana cuando el mago se acuerda del complot de Calibán y dice:

     

    “Alégrese, señor,

    Nuestras festividades se han acabado. Estos, nuestros actores,

    Como le avisé, eran todos espíritus y

    Se han fundido en el aire, con el aire inmaterial;

    Y – como la fabrica sin fundamento de esta visión-

    las torres coronadas de nubes, los fastuosos palacios,

    los templos solemnes, el gran globo mismo,

    en efecto, todos los que lo heredaran se diluirán,

    y, como este espectáculo insustancial y ahora desvanecido,

    no dejaran ni rastro. Estamos hechos de la misma materia

    que los sueños, y nuestras pequeñas vidas

    comienzan y terminan en sueño.

     

    Las mascaradas eran unas de las formas artísticas preferidas de los poderosos. Se representan en la corte y los cortesanos e incluso el monarca participan en unas obras donde el orden y la monarquía aparecen  triunfantes.

    En La tempestad  Próspero interrumpe una mascarada no convencional donde no triunfa el bien sobre el mal sino su amenaza, y señala que el mal sigue existiendo en la isla. La Tempestad está llena de asperezas. Próspero está lleno de exabruptos, perdona a su hermano con frialdad y éste hace un silencio que preanuncia un futuro problemático. Los enamorados Fernando y Miranda juegan al ajedrez con ternura pero Miranda se ve obligada a acusar a Fernando de hacer trampas. El lo niega  y aunque ella le contesta que no pasa nada, le asegura que él pelearía para conseguir reinos si ella lo considerara lícito. El futuro ducado de Próspero continuará en un ambiente político denso y peligroso.

    Vayamos ahora a Calibán. ¿Quién es? Toda la magia de Próspero no ha podido dominar a este personaje extraño. “Un diablo innato” lo llama Próspero, un ser que no puede ser educado. A lo largo de la obra se lo llama “deformado”, “desproporcionado”, “pez”, “tortuga”. Jonson lo llama “Monstruo”. En 1778 se asocia a Calibán con los caníbales del nuevo mundo. 160 años pasaron para esta identificación que hoy  para determinados críticos constituye una obviedad.

    Calibán es un compuesto racial. La falta de lenguaje (Miranda le enseña a hablar), la desnudez, la lujuria era muy de época para caracterizar a los no europeos en general. Los románticos se sintieron atraídos por el personaje de Calibán en gran parte porque eran firmes defensores de la abolición de la esclavitud. Calibán es el esclavo del cual Próspero mantiene a raya a base de “pellizcos”. En fin, lo tortura todo el tiempo. Con Darwin Calibán vuelve a escena confirmando las tesis de la evolución humana a partir de un ser acuático. Hasta entrado el siglo XX las interpretaciones darwinistas de Caliban lo tuvieron como un ser entre simio y humano.

    Después de la 2da. Guerra mundial el Imperio británico pierde influencia. Aparece el post-colonialismo teórico. ¿surge la pregunta: cuánto colaboraron  las obras literarias inglesas, en la cuál Shakespeare tiene un lugar destacado, en la creación, conservación y caída del Imperio?  Mannoni, psicoanálista, por ejemplo, en 1950 habla del “complejo de Calibán” para explicar la predisposición del personaje shakesperiano, dispuesto a servir a Próspero y después a Stéfano y Trínculo. Postula también el “complejo de Próspero” donde el colonizador proyecta su propia neurosis sobre los colonizados. El tema pasa a ser el intento de violación de Miranda. Para Mannoni la acusación es falsa. Mannoni acusa a Próspero de tener un interés incestuoso por su hija, Para Frantz Fanon, uno de los principales teóricos del anticolonialismo acepta la falsedad de la acusación de violación pero acusa a Mannoni de racista porque el “complejo de Caliban” de inferioridad no lo considera una predisposición racial sino una creación del racista. Aimé Césaire, poeta de Martinica, reescribe en 1969 La Tempestad y Calibán aparece diciendo palabras en swahili, una de las cuales es “uhuru”(:libertad) acusa así a Próspero de neurótico y totalitario y trata de identificar a Calibán con Malcolm X. Terry Eagleton,  hace una lectura marxista y muestra a un Shakespeare conservador que propone identificar al orden social y político como algo natural. A la empresa postcolonialista se le suman los neohistoricistas como Greenblatt, donde La Tempestad es una obra que rechaza una concepción igualitaria de la especie humana. La interpretación neocolonial casi está impuesta hoy en dia.  ¿Tiene algo para decir Shakespeare? ¿no están en realidad estas interpretaciones reescribiendo la obra? ¿No intentarían producir otra ficción?. Calibán no se defiende de la acusación sino dice: “¡Je,Je,je! ¡Ojalá se hubiera hecho!/ Vos me detuviste; de no haber sido así hubiera poblado/esta isla con Calibanes”. Pensemos nuevamente en la gran autonomía que Shakespeare nos propone como lectores pero con un límite, y este límite son las palabras que nos dá.

     

     

    3. La Tempestad muestra a europeos del siglo XVII perdidos por la ambición de riquezas y poder. Hasta ahí todo muy moderno. Pero Próspero perdona, el viejo malhumorado ejerce su derecho a la sanación. Al declinar el odio se redime de su propia violencia. Se supera a sí mismo. Busca la areté.  Antonio, su hermano menor, es todo lo contrario de principio a fin, cuando reconoce que no tiene conciencia. Próspero regresará del exilio sin odio. ¿Podrá retomar el poder en Milán con una conciencia tan limpia? Shakespeare nunca es tan trasparente, deja espacios vacíos, genera dudas.

    Calibán es instintivo, resiste a la civilización. Es lujurioso, lúdico. Es un salvaje. Ariel es etéreo, refinado, tiene talento. La sanación de Próspero requiere ejercicio, templanza y conciencia y las pasiones reconducidas hacia el trabajo y las artes. Como Fernando, se trata de contener el deseo. Próspero elige a Fernando como el futuro esposo de Miranda. Seducido por una música especial Fernando debe aprender a sacrificarse por los altos ideales. En esta interpretación la última obra de Shakespeare es iniciática. Las pistas serían: la alusión a la Gran Luz,  a la claridad de la razón que nos saca de la ignorancia, la relación de lealtad entre Próspero y Gonzalo donde ambos comparten las ciencias ocultas, la idea del perfeccionamiento humano, las pruebas y pactos que debe afrontar Fernando, el tiempo mágico, la noción de círculo donde los hombres se igualan.

    Para Frances Yates, Próspero encarna a John Dee, mago y matemático de gran influencia en la corte isabelina pero caído en desgracia con Jacobo I.

    La obra se presenta en el compromiso de la princesa Isabel y el elector del Palatinado como el encuentro amoroso de Fernando y Miranda.

    La obra es misteriosa, La Tempestad es un encantamiento tragicómico donde un argumento trágico tiene final feliz. No es un drama histórico ni una mascarada. Aquí Shakespeare construye una diversidad de aspectos dramáticos donde roza toda su obra anterior. Bloom la considera visionaria y experimental. Enigmá tica. Próspero es un mago. Un poderoso mago que encanta y prevé todos los infortunios. Esta obra espiritual y mágica expresa lo más propio de la cultura isabelina en un momento justamente antiisabelino. La reina Isabel auspiciaba a John Dee, paradigma inglés del mago renacentista donde supuestamente Shakespeare había desarrollado toda su obra. Este mundo perdido es reivindicado ante un público que entendía de alegorí as, simbolismos e imagen. Próspero es un demidios que descifra las claves de la naturaleza, lee el libro y opera en consecuencia. Cuando Próspero con Miranda en brazos se salva y llega a una isla desierta, llega con los libros más importantes escondidos en la barca por Gonzalo. Desarrolla su arte aunque no la instruye a Miranda. Para el mago renacentista según lo había determinado el florentino neoplatónico Marsilio Ficino, la magia se logra mediante el amor cuya fuente es el rayo divino que cruza la creación desde Dios hasta la materia y viceversa conectando todos los elementos del universo. Esta es la razón justificativa de la astrología, la alquimia y la medicina antigua. La interconexión amorosa entre los elementos del todo. Esta es la magia. Una ciencia compuesta de tradiciones hermética orientales (árabes, judías, egipcias) más neoplatonismo. La magia se invoca a través de demonios y con procedimientos mnemótecnicos se dice la palabra simbólica Es fundamental decir la palabra. Ariel pertenece al aire y al agua. Los espíritus sublunares  nadan y vuelan trayendo beneficios. Calibán es terrestre, hijo de la bruja Sycorax, es malvado, tiene un cuerpo que “ necesita ser alimentado” Próspero cultiva la magia del mas alto nivel. Ya durante la Edad Media Europa había perseguido toda magia que no fuera natural. Próspero practica la demonomagia o teurgia, adaptación de la cábala hebrea por Pico de la Mirándola. Próspero manipula la mente humana. Es la figura del mago propuesta por Giordano Bruno. La Tempestad es pura fantasía. Los crímenes de lesa majestad no quedan impunes. Próspero reclama su ducado pero contiene su venganza. Es un hombre superior o un semidios, cuyo manto de invisibilidad mágico y estrellado expresa al Gran Autor de todo lo que existe. En Milán “mis libros eran mi ducado” exclama  abandonando las responsabilidades políticas y dedicándose a la elevación del espíritu. El rey de Nápoles ve a su hijo, a quien creía muerto con su prometida, jugando al ajedrez. El jaque mate es, desde el principio  y hasta el final de la obra, de Próspero, el mago.


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