LA CAJA DIGITAL
Nro. 1 - Año 3 - enero de 2008
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LA CAJA (1992/1994)
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      JORNADAS MICHEL FOUCAULT
      NOVIEMBRE 2007. MAR DEL PLATA

    Preguntas del público

    Si hay preguntas y observaciones que no sean... que no nos contradigan. (Risas)
    El coraje de la ignorancia hay que manifestarlo.
     
     
    Asistente: Tomás empezaste con el otro en la pequeña Atenas en donde Sócrates conocía a sus conciudadanos. El otro hoy está un poco más problemático, ¿no? En las ciudades ya no se conoce uno al otro, cerca ya no es el otro que se conoce cara a cara. ¿Cómo se puede volver a ser ateniense o socrático?
     
     
    TA: No sé... (risas) Nadie le habla al mundo, salvo Tinelli (risas). Yo creo que es algo muy simple, uno hace lo que puede. Y siempre que tenga enorme necesidad de expresión. Es decir la comunicación, en este caso filosófica, en otras personas será de otro tipo, músico, artístico o lo que fuere. Primero hay una necesidad de expresión. Nosotros no empezamos nuestro quehacer por el otro, empezamos nuestro quehacer por una dificultad personal. Una dificultad personal, es decir, por una falencia, por inquietud. Ahí empezamos. Es decir, nadie se dedica a la filosofía porque busca la verdad. Uno se dedica a la filosofía porque no soporta algo. No soporta algo, pero puede ser cualquier cosa. En mi caso fue la tartamudez. Pero puede ser otra cosa. Bueno, acá al amigo será porque se le caen los aviones (mirando a Alejandro Covello[1]). Alguna dificultad que nos obliga a un gran esfuerzo de pensamiento y de tratar de hacer de una dificultad algo que nos saque de nosotros. Salir de sí. Antes de encontrar al otro uno sale de sí. Por supuesto que la filosofía para empezar es otro: un texto de Platón es un otro, un texto de Sartre es un otro. Todos empezamos a hacer filosofía porque nos hemos enamorado de un filósofo. Enamorado en el sentido de auténtico amor por alguien ideal, virtual y real. En el caso de Sartre y de Platón un poquito, pero más de Sartre. Todo por una cosa que nos saca de sí y nos abre un universo donde nos podemos transformar a nosotros mismos, en alguna otra cosa. El tipo que está y que no sabe responder, el que está agobiado por las autoridades, desconcertado de la vida, etcétera, quiere salir de sí. No para encontrar la felicidad, no es un tema de la filosofía. Sino para salir de sí, respirar, aire es verbo, pneuma es logos, para poder hacer algo con su propio agujero, darle una forma a su propio agujero. Esculpirlo. No llenarlo, porque no se llena. Pero darle una forma, como el colador tiene una forma. Entonces, primero sale de sí y después está el otro. Y el otro varía. El otro varía. ¿Quién es el otro? Eso es una abstracción. En este momento mi otro son ustedes, vos. Ese es mi otro. Cuando escribo un artículo en la Internet, son los lectores de la Internet. Cuando escribo un libro, es el posible comprador del libro. Cuando hablo con un periodista, es el periodista. Es decir, el otro permanentemente es puntual. No hay una cosa megalómana, de multitud, de masas y demás. Nuestra situación es una situación puntual: tenemos dos pies y ocupamos un lugarcito y frente a otros. La necesidad de comunicación no nos garantiza al otro. Podemos comunicarnos sin que haya un otro. Sin embargo, nosotros creamos al otro en la comunicación. Eso también, eso también. ¿O no hay gente que ha cajoneado manuscritos?, ¿o no hay gente que ha estado escribiendo, estudiando en la soledad y en el aislamiento durante años? Pero ha creado su otro, a través del escrito. Y de repente el otro se incorpora, tiene una carnalidad. Pero la idea de Atenas, ¿no?, de la vecindad. Indudablemente que en nuestras ciudades de 15, 20 millones de habitantes es muy difícil tribalizarlas en pequeñas cositas y demás, eso se nos escapa de las manos a todos. Bueno, existen las grandes organizaciones y las grandes organizaciones de ordenamiento, de disciplina, o de vigilancia, o de asociación o lo que fuere, en las grandes organizaciones estamos nosotros también. Pero esas grandes organizaciones están absolutamente también fisuradas. Como dice Foucault, los individuos son reactivos, vos no podés manipularlos hasta la médula. Hay un nervio que no es manipulable, por ahora, mientras no sea la ingeniería genética y la neuroingeniería que lo cambien. Pero mientras seamos humanos, hay algo que no manipulable. La televisión no manipula, la televisión hace reactivo a uno, puede ser adhesión, puede ser rechazo, uno discute con la televisión. Uno discute con los libros. Eso que decía Kant: discuta con el cura, discuta con los libros, discuta con el médico, esa es la Ilustración. Entonces, el prójimo es una necesidad que tenemos, no es una realidad con la que nos enfrentamos. Es una necesidad que tenemos. Si no hubiera otro, no tendría sentido nuestro quehacer. Ahora, ese otro, el cuerpo del otro, es otro problema, la figura del otro es nuestra necesidad.
     
     
    FA: Yo quería hacer un comentario por algo que había dicho del otro, que la figura del otro lo saca al stultus de la stultitia. En la ciudad uno va a estudiar la carrera de filosofía pero encontrarte a un filósofo que te extienda la mano y te saque... usando esa figura me refiero. Yo creo que uno se encuentra con su filósofo que de alguna manera a través de la muerte o a través de los textos le tiende una mano, y hay otros filósofos que no te dicen nada que no te tienden una mano y no te sacan de ningún lado. Yo creo que eso se encarna mucho en el estilo, hay algo en el estilo de un filósofo, en la manera de hablar que parece (como dice Deleuze) que le habla a uno al oído. Que le habla a uno. Y ahí está el otro. Por supuesto me hubiera gustado más cuando era chica, o tenía 17 años como Alcibíades, haberme cruzado con Sócrates y no haberme pasado tanto tiempo yendo a la Facultad de Derecho. Me gustó ir a la facultad de derecho, pero bueno, uno lo encuentra por donde puede, de la manera que puede, ¿no?. Me parece que el estilo tiene mucho que ver. Yo creo que la mano y la forma del filósofo son el estilo. Uno encuentra su filósofo, en el estilo. Por ahí a mi Nietzsche me gusta o a mi me gusta Foucault. Y por ahí otro filósofo que es importante o tiene fama de grande a mi no y me gustaría que me guste; a veces le pongo garra y no, no me habla a mí, no es conmigo la cosa.
     
     
    TA: Esa palabra que es el encuentro, uno se encuentra. Y uno se encuentra con un maestro, pero para eso hay que buscarlo. Y uno se encuentra con un maestro. Bueno yo me encontré con Foucault. No es que me hablara exactamente a mi. No, no, porque puede ser...(Risas). Pero yo hacía que me hablara, porque era lo que yo necesitaba en ese momento. De una especie de opresión de un tipo de profesores y de escuelas filosóficas que no me daban salida, y cada vez me abrumaban más con exigencias que no podía cumplir, porque aparte no sentía por qué debía hacerlo eternamente. Y me encontré con este extraordinario profesor que tenía una enorme alegría de enseñar, una enorme alegría de vivir y de incitar. Y de incitar a la libertad. Y eso no se daba en la universidad. No lo daba Althusser, no lo daba su gente. No incitaban a la libertad, incitaban a la obediencia. Y era una exigencia interesante, porque era gente muy interesante, pero exigía obediencia. Y de alguna manera, no es que esté mal toda la obediencia, no es que esté mal toda la literatura pastoral. Pero el tema de la libertad permite, vos (refiriéndose a Florencia Aguirre) creo que lo dijiste en algún momento, un trabajo sobre si mismo. En vez de obediencia fue concentración y disciplina pero con alegría. Trabajo y alegría. Yo eso no lo conocía en la filosofía. Era más bien sosa, amarga, destinada al fracaso y auguraba la gloria: un camino religioso. Alegría. La alegría de una vocación, la alegría de una pasión, la alegría de la libertad y creo que alguien habló hoy a la tarde también, no se si nuevamente Natalia, del errar, del equivocarse, el coraje de la ignorancia. Vos ( alguien del público ) te acordás del año 84, cuando entramos a la universidad, no se si te acordás, que yo le decía a la gente, no traten de pensar, empiecen a hablar. Era una época en que la gente de la universidad se había callado la boca bastante tiempo, por lo menos los que podían hablar no eran los que estaban ahí. Empezar a hablar es fundamental. Empezar a hablar. En la universidad cuando uno entra tiene que empezar a hablar. A hablar, a hablar y a escribir. Y todo eso lleva al pensamiento. Vos no podés pensar sin hablar. Empezar a hablar, empezar a buscar y todo eso conformado por mucho trabajo, mucha soledad, mucha concentración y mucha necesidad de compartir en alegría lo que uno hace. Por eso me encontré con Foucault. Uno se encuentra. Y después por supuesto discutir. ¿Cuántas veces uno se encuentra...? No siempre los maestros están vivos. A veces son libros los maestros. Son libros. Son libros. Es decir, vos no llegás a Kant. Yo no llegué a Kant así nomás, o a Nietzsche así nomás. Yo tuve mis “Virgilios”, como Dante, que me llevaron. Foucault me llevó a innumerables autores. Deleuze me llevó a innumerables autores. Sartre me hizo conocer. Paul Veyne me hizo conocer. Colli también. Son nuestros Virgilios. Nosotros los seguimos y nos presentan a Platón. Es muy dificil encontrarse con un tipo que escribió hace 2500 años y entender algo que te interese por una cosa espontánea. Necesitás un contemporáneo que te guíe. Y estos son encuentros también. Son encuentros. Los libros son encuentros. Los textos son encuentros. Es por eso que la universidad está destruida con la fotocopia, no por los derechos de autor, sino porque no te permiten el encuentro con un Virgilio. Porque un Virgilio no se divide en diez páginas y cinco de fotocopias y cuatro de Internet y tres de otro autor, etc. Un Virgilio es alguien entero. Es alguien muy importante. Te puede abrir todo un mundo durante veinte, treinta años, eso es irremplazable. Eso es el libro, el libro es el testimonio de un guía. Eso son los filósofos, son guías. Entonces, este... Entonces te respondí. (Risas)
     
     
    Asistente: Pensaba en el enamoramiento que hay con un filósofo y si no hay una especie de progreso, no se si en la filosofía, pero en el filósofo en cuanto que vos le reprochabas al principio ese candor que tenía ella y te mostrabas como escéptico al respecto, lo veías como un hombre común, ya como sin ese enamoramiento digamos. ¿Eso es parte de un progreso, no se si en la filosofía, no en la filosofía, pero si en el filósofo? Si hay algo de eso, o estoy equivocado.
     
     
    TA: Yo no vi como candor, sino como una cosa que me provocaba. Es decir, después de todo, los filósofos no son buenas personas, en realidad son jodidos. Es decir, vos no le podés pedir que sea buen padre de familia, que pague todos los impuestos, que sea un buen esposo, el mejor amigo, etcétera. Para mí la filosofía es otra cosa, y el amor que yo tengo por un filósofo es por su actitud, por su valentía, por su coraje, por su brillantez, por su belleza, porque la filosofía, los textos de filosofía, tienen belleza. Eso es lo que dice Deleuze, eso es genial. A él no le gustaba Kant, a Deleuze, a él le gusta Nietzsche, pero dice: ¡que bello es esto que dice Kant!, ¡que bien construida que está la crítica del juicio!, ¡¿cómo se le ocurrió el juicio sintético a priori?!, ¡es un genio!, ¡qué fantasía conceptual tiene!. Pero no es kantiano. La capacidad de admirar. El saber... esa cosa que vos llamaste de generosidad, entregarse a la superioridad. Entregarse a la superioridad del otro. Darle homenaje. Entonces, no es exactamente un candor. Lo que pasa es que no es una buena persona necesariamente, tiene otro tipo de majestuosidad, es su creatividad, es lo que te da, es lo que te permite a vos ser mejor persona en todo caso. Pero no porque sea buena. Todo el mundo dice bueno pero Heidegger era nazi, Foucault era sadomasoquista, Spinoza era tacaño o Schopenhauer...la pequeña vida doméstica es mucho más compleja que la filosofía.
     
     
    FA: Yo me encontré con el profe y el me hizo conocer a Paul Veyne y voy a reencarnar tres veces y se lo voy a seguir agradeciendo. Y Paul Veyne es capaz de hablar de Foucault, hablando de todo Foucault, hasta de los momentos más oscuros, con una admiración y con un amor que no es candor, no es no verle lo feo a Foucault así sigo enamorado. No... Justamente. Justamente es conocerlo tal cual como era. Igual seguir admirando. ¿Cómo se puede pensar así?
     
     
    TA: Otro aspecto interesante de los filósofos, es como se trabaja la debilidad. Nietzsche era un mal filólogo. “El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música” es un fracaso filológico y es su primera gran obra filosófica. Platón es un fracaso como escritor de tragedias. Intentó esta (no era el único) bastardía, genero bastardo, que es un diálogo, que en realidad es un monólogo a la manera de los trágicos y de los comediantes, además de los sofistas, cuyo tema es la filosofía y que tiene que ver con el no saber. Entonces, a través de este trabajar la imposibilidad, trabajar la dificultad. Allí está esa grandeza, no en ser (como vos dijiste) virtuoso, no es el virtuoso, es el incapaz, el que tiene impoder, el que tiene la dificultad, el que no es bonito, el que no le sale bien las cosas. Ahí está el aspirante a filósofo.
     
     
    Asistente: Pienso que el encuentro es fabuloso, pero me da como la sensación de que la filosofía partiría de ese encuentro consigo mismo, con uno mismo más que con el encuentro con el maestro. Cuando uno se encuentra con el maestro a veces se encuentra con la obediencia justamente. Pienso no, como que lo esencial es el origen, en este reconocimiento de la vulnerabilidad, de la debilidad, de no poder ser virtuoso justamente, pero en ese encuentro con vos mismo, más que en el encuentro con el maestro.
     
     
    FA: Me parece que bueno son pasos sucesivos. O sea, tiene que haber una inquietud para que vos puedas reconocer como buscar un maestro. Sino por ahí pasa por al lado tuyo y no lo vas a ver.
     
     
    Asistente: Parecería como una gran contradicción el hecho de pensar que relegar a la obediencia y al mismo tiempo aceptar al maestro como es.
     
     
    FA: Bueno pero yo digo que la forma que hablamos de... no forjar una dependencia. Un verdadero maestro, un verdadero parresiastes no forma una dependencia, quiere que esta persona no lo necesite más. Llega un momento en que no la necesita más. Si está formando una dependencia mejor abrir los ojos, ¿no?.
     
     
    Asistente: No, no digo dependencia, obediencia.
     
     
    FA: O una obediencia también. Si, si. Mejor abrir los ojos. Yo este...creo que estamos con la persona que...
     
     
    Asistente: Simplemente fue una palabra, ¿no?. Cuantas veces genera más filosofía que el encuentro con (Se interrumpen, no logro diferenciar más que palabras sueltas hasta que un segundo después habla TA)
     
     
    TA: La palabra maestro sería bueno dejarla de lado un poquito ¿no? Porque es un gurú. En realidad en la filosofía el maestro es algo completamente ausente. Es decir, no está. Ni siquiera sabe de tu existencia. Está ahí Foucault y es mi maestro. Foucault ni sabe que existo, no es alguien con el que uno tiene... no es un gurú. Es fundamentalmente alguien que uno dice maestro, aunque el maestro no sepa que uno existe. No se es discípulo, no se es discípulo. Uno elige por un maestro del que uno no es discípulo. Yo no soy discípulo de Foucault. Además no existe en la filosofía foucaultianos, no existen nietzscheanos, la filosofía no es la religión, no es una secta, en donde uno es hegeliano, no es una cuestión de creencia. Porque cuando hay escuelas y hay hegelianos, nietzscheanos o lo que fuere, ¡es porque creen! Hay gente que cree en Hegel, hay gente que cree en Foucault, que cree en Kant. Y la gran frase de Nietzsche es: no hay que creer en lo que uno piensa. No hay que creer en lo que uno piensa, porque ese es el sello que obtura el pensar. Entonces el maestro es un guía que uno dispone ante sí porque encontró (como vos dijiste) alguien que lo inspira para fabricar sus propios pensamientos (en soledad). Un maestro no es una compañía en que a uno lo va llevando de la mano. Uno va solo. E invoca al maestro como un acto de amor. Pero no es que el maestro... Lejos de pedir obediencia, al contrario, lo que está pidiendo es desobediencia.
     
     
    Asistente: Una pregunta: con respecto a la complementariedad del pensar y el saber. Me surgen unas dudas. ¿Qué fue primero: pensar o saber? y si el pensar lleva al saber o el saber lleva al pensar.
     
     
    TA: Cuando hoy yo mencioné ese tema, a propósito de Kant, estaba diciendo que hay una diferencia entre el pensar y el saber, como dice Kant. Hay cosas que no se pueden saber. Esa es la revolución de la filosofía. Toda la filosofía tiende a conseguir ese saber. Por lo menos explícitamente. La tradición de la que viene Kant es la gran filosofía sistemática del siglo XVII: la de Spinoza, Leibniz y Descartes. Es lo que vos (FA) decías del pensamiento cartesiano. Los sistemáticos  tienen la pretensión de construir una metafísica a la manera científica, o a la manera del more geométrico, o del discurso del método o lo que fuere, con la mathesis universal, de tener una comprensión total del mundo en todas sus manifestaciones y articulaciones. Hay una pretensión del saber total, del saber global, donde la idea de infinito, la idea de la naturaleza en su conjunto, en sus diferencias y de sus repeticiones, todo eso puede ser comprendido. Es una idea de saber. Cuando Kant dice que no todo se puede saber, ahí marca una primera diferencia. No todo se puede saber. Ahora si uno hace un pequeño recorrido de la historia de la filosofía se da cuenta que esa especie de ignorancia activa, de ese no saber, es permanente. ¿Por qué Heráclito? Porque hay cosas que no se pueden decir con ideas, hay cosas que no se pueden decir conceptualmente. ¿Por qué Aristóteles dice que el hombre theoréticus, aquel que está frente al motor inmóvil y que entiende absolutamente todo en realidad no es para nuestra vida? ¿Por qué Spinoza en el último capítulo de la “Ética” habla de la beatitud, ¡de la beatitud!, de la intuición inmediata, después de haber hecho todo el recorrido conceptual, de la ética en more geométrico, mostrando a la manera matemática, a la manera geométrica como se dispone conceptualmente la idea de Dios, y después llega a la beatitud que es eso que finalmente lo pone en un estado de paz, serenidad interior, de fusión con la naturaleza, más allá del concepto. ¿Qué es eso? ¿Es un misticismo fracasado? Es un misticismo fracasado. ¿Por qué...? El mismo Rousseau. Todos. ¿No? Te habla de la vida simple, de algo más allá de la retórica ilustrada y demás, una vida simple, a la que él también añora, ¿no?. Es decir, si uno recorre un poquito esta historia, se da cuenta que ese no saber (activo y productivo), no es una cuestión solamente de Kant. El llamado a un  más allá del saber también es ignorar, pero con el pensamiento. Es decir, el filósofo sabe que no sabe. Porque así... ¿Cómo empieza la filosofía? “Sólo sé que nada sé”. Ahí está todo: “sólo sé que nada sé”. Ahí tenés la paradoja. Ahí tenés el motor. Ahí tenés el impulso. En el “sólo sé que nada sé”, en esa palabra socrática, ésa es la diferencia del pensar. “Sólo sé que nada sé” es un pensamiento. No es una sabiduría.
     
     
    Asistente: Profesor, usted tocó un poquito el tema de la Argentina. Me encantaría escuchar su observación acerca de nuestra realidad. Si puede ser.
     
     
    TA: Muy brevemente. Yo en este momento tengo esperanzas, porque hace mucho tiempo... yo hace unos años, que me interesa el tema de Hermes Binner, en Santa Fe. Por una mutua relación de trabajo, y tuve (yo no tengo actividad política ni pertenezco a ningún partido político y en general mi interés por la realidad Argentina es fundamentalmente crítico). En este momento es constructivo. Me gustaría de mi parte colaborar de algún modo para que la provincia de Santa Fe, un nuevo personal gubernamental, con otro ethos, con otra actitud y con eficiencia que han demostrado tener al menos a nivel municipal, pueda conformar equipos, para que nosotros volvamos a creer. A creer en la política. Es decir, en gente que no robe: ni en nombre de los derechos humanos, ni en nombre de ningún otro tipo de liturgia, que los hace cada vez más poderosos y más ricos en sus nuevas corporaciones que aprovechan los favores del escrutinio, se apropian del Estado y se convierten en los nuevos oligarcas. Nuevo personal gubernamental, servidores públicos. Algo que nosotros hace muchísimo tiempo que hemos dejado de creer si alguna vez lo hemos conocido. Yo eso lo veo, lo veo en esta gente, en Santa Fe. Y ahí me ha despertado una especie de creencia, de esperanza y de entusiasmo que desconocía, como todos, porque mi escepticismo era bastante radical. Yo ahí veo algo sumamente positivo, un triunfo muy importante en una provincia muy importante, ya no es un municipio. Es de las provincias más importantes del país. Y ahí ya tengo un pensamiento de colaboración, un pensamiento positivo de construcción. No un pensamiento crítico en donde todas las armas están para denunciar las trampas y hacer críticas, sino para ver qué se puede aportar en el terreno de la dificultad de gobernar que es enorme. Es enorme. En ese sentido no me importan estas elecciones presidenciales. Para mi es la misma gente de siempre. La misma gente con distinto nombre. Es decir, el problema de la Argentina es que el Estado es apropiado por grupos que se enriquecen con él y crean mafias corporativas y que destruyen a la sociedad porque crean un ambiente de corrupción que va de arriba para abajo, permanentemente. Entonces la sociedad no se puede organizar, no puede haber políticas de Estado, no podemos nosotros empezar a construir algo distinto si el personal gubernamental es ladrón. Es decir: roba pero hace. Otro tipo de gente. Creer nuevamente en los políticos, ser políticos, inventar la política de la Argentina y de construir un nuevo Estado. Pero ese nuevo Estado no es una entelequia, tiene que haber nueva gente. Necesita otro tipo de gente. Y esa gente, no se va a poder instalar si nosotros somos indiferentes a su accionar, si no creemos en ningún momento en ellos. Los pequeños hombres: Sabatella de Morón, algún otro que uno conoce. Nosotros somos responsables de haber dejado solos a muchos hombres probos que ha habido por acá. No hay que distraerse. Hay que estar interesado. Hay que participar. Hay que colaborar y hay que darse cuenta cuando surge algo nuevo. Todo esto me parece igual. Me da exactamente lo mismo, lo del “contrato moral”, lo de “voy a profundizar pero es lo mismo” y de todo ese tipo de cosas. Yo se que culturalmente, la cultura política en la Argentina no varía. No varía. La gente vota con miedo. La gente vota para conservar el trabajo que consiguió, mirando al 2001. Siempre comparamos con el último desastre. En 1995 se votó a Menem a raudales porque compararon con el 89, hoy votamos porque comparamos con el 2001: y la Argentina está mejor que en el 2001. Es una sociedad conservadora: vota mirando al pasado, no cree en el futuro. Porque el futuro tiene que ser mucho más grande y mucho más promisorio. No me interesa la política en general, de lo que pasa con los políticos, las elecciones, todo eso. Yo veo que hay pequeños nichos (que no son tan pequeños) en los que me gustaría colaborar, es una posición activa, comprometida, de alguien que no está afiliado y que voy a intentar hacer algo al respecto.
     
     
    Asistente: ¿? Por otro lado quería que me aclares esto de la necesidad del otro, sin el otro corpóreo. ¿? (algo de declamarse a si mismo)
     
     
    TA: Yo creo que nunca es a uno mismo. Es decir, nosotros para nosotros mismos, es sumamente aburrido. Somos densos, somos poco interesantes. Lo interesante es salir de uno mismo. Estar afuera. El sí mismo no es el yo. Estar afuera. Y en ese estar afuera claro que se necesita al prójimo. El hecho de que no esté corporeo, no significa que nosotros hayamos tendido el puente: es tirar una botella al mar. ¿Cuántas veces lo hacemos eso? Después si alguien la recoge es otra cosa. Pero nosotros tiramos botellas al mar. Permanentemente. O sea, muchos tiramos botellas al mar. Yo lo hice muchos años eso. Pero no porque estuviera con el prójimo, simplemente porque necesitaba expresarme, es decir, salir de mi mismo. Y eso es una botella al mar. Uno escribe una cosa, uno prepara algo, uno realiza un trabajo personal en la soledad, pero en realidad lo que intenta, es que algún otro lo reciba. Entonces esa corporeidad a veces está y a veces no está. Pero no es que uno se hable a si mismo. Yo creo que nosotros en una isla desierta (yo por ejemplo en una isla desierta) no escribiría. Nada. Haría la de Robinson Crusoe: me haría una casita y me moriría (porque no la podría hacer además) (Risas). Pero toda nuestra actividad, más si es una actividad pasional, vocacional y de expresión está en el mundo. Está en el mundo y es lanzada. Y además con todo nuestro intento y todo nuestro trabajo por conseguir al prójimo. Hay que pelearlo al prójimo. No nos está esperando. Ahora, una vez que está el prójimo: no es para quererse, no es para amar, no es para buscar el aplauso, para estar de acuerdo, para que la declamación sea bienvenida. Eso te mata. Eso te mata. El rating te mata. Es decir, no debés olvidarte de tu soledad. No olvidarte de tu soledad. De tu asunto desértico, profético. También en ese sentido si querés. Uno está ahí. Está ahí. Y en el estar ahí puede haber compañía, después se va la compañía. Vino el lector, después se va el lector. Te leyeron en un libro, no te lee nadie el otro libro. Estás en la conferencia con mucha gente y después no hay nadie. O hay dos. Y las fuerzas tienen que ser las mismas, no hay que olvidarse de eso. Ese es el prójimo. El prójimo es alguien tan necesitado... como confiable y peligroso. Al prójimo hay que... darle lo que se merece (Risas). Bueno... Gracias (Aplausos).


    [1]    Alejandro Covello, La alegría de volar o la filosofía en la aviación
     
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